Mostrando entradas con la etiqueta Eric Ekval. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eric Ekval. Mostrar todas las entradas

Eric Ekvall / El cuento del gallo pelón o el círculo vicioso



15/7/12

Esta tarde, el 14 de julio, aprendí algo para mí insólito. Mi continua prédica en contra del uso de las captahuellas y mi insistencia en que se audite el registro electoral hacen de mí “un radical”. Como radical, entonces, mi misión en Venezuela es la de desestimular a la gente para que no voten. Siendo radical, no creo en elecciones, y se supone que quiero salir de Chávez por vía de un golpe de estado.

De eso me acusaron esta tarde en el jardín de la Embajada de Francia dos damas muy conocidas en el entorno periodístico, cuando les expresé mi estupor al leer las declaraciones emitidas por Teresa Albanes en Washington DC ayer. ¿Qué dijo la Sra Albanes? Pues, que quienes afirman que es imposible comprobar y por ende asegurar, como ella constantemente asegura, que las captahuellas no develan el secreto del voto, son unos “radicales” que no están a favor "de la participación electoral". 

Intenté explicar que para la MUD iba a ser casi imposible convencer que están equivocados y que deberían confiar ciegamente en que las máquinas no mienten, a los 35% de los venezolanos, según Keller, que ya creen firmemente que las captahuellas son nada menos que otra trampa para crear la Lista Tacón 2.0.  De repente el ambiente se puso algo tenso, las miradas brillaban. 

“Entonces, ¿qué quieres tú, que no vayamos a votar?” me lanzó, retadora, una de ellas.  

Me sorprendió la vehemencia de su interrogante. Pensaba que preguntaría por qué era imposible, o qué se podría hacer para paliar esta situación. Pero no, su pregunta retrataba perfectamente el prejuicio, Made In MUD, que ella se había tragado entero, de que había dos opciones y nada más: o te calas las captahuellas, o eres abstencionista. No se le había ocurrido a esta señora que había una tercera opción: exigirle al CNE que se las retirara.  El argumento, por cierto, es tan sencillo: ya que la MUD había exigido que el CNE retirara las captahuellas para las primarias, bajo el pretexto que los votantes temían que podrían develar el secreto del voto. Si vale para las primarias, vale para las presidenciales. Además, en nuestra constitución, como en la Declaración Universal de DDHH, se consagra el derecho al secreto del voto. Y esta medida atenta, in fraganti, contra ello. 

Entonces hice ese mismo planteamiento, y las dos se pusieron casi pálidas y respondieron: “Pero queremos las captahuellas, porque así se garantiza que la gente no vote dos veces!”  

Cuando escuché esto, pensé, ya que estábamos en la Embajada de Francia, ¡Chapeau!  El CNE, perdón, los técnicos de la MUD, han hecho muy bien su trabajo, la gente cree que las captahuellas garantizan que la gente no vota dos veces. Pensé sin embargo que ni Roberto Picón, el flamante gerente de la unidad de análisis del Comando Venezuela, el ingeniero de sistemas que cree ciegamente en todo que le dicen desde el CNE, no concede ahora (en privado, no sé si se atreve a hacerlo en público) que las captahuellas no garantizan un-votante-un-voto. Ya nadie en el seno de la campaña cree ese mito, salvo quizás la Sra Albanes, ya que está demostrado que el Sistema de Autenticación Integrado (SAI) ni siquiera será capaz, con seguridad, de encontrar las huellas dactilares de los varios centenares de votantes asignados  a cada mesa de votación, y menos cruzar las huellas del votante con las otras 18.858.694 huellas archivadas en el servidor central del CNE, por una razón muy sencilla: la captahuella instalada en cada mesa de votación no estará conectada al servidor central, sino a un simple laptop.

Intenté entonces explicar a esta señora precisamente esto. Y me espetó, “eso no es verdad!” Ahora sus ojos y los de su amiga brillaban con una extraña y hostil intensidad. Les expliqué que sí, que sí era verdad, y que hasta los técnicos del Comando Venezuela lo reconocían. Las dos me miraron con desprecio. Evidentemente, para ellas, yo tenía que recurrir a la mentira para sostener mi argumento, y ellas no iban a comprar esa mentira ¡No señor!

Cambié de táctica. Les recordé que para las primarias la MUD había exigido al CNE que retiraran las captahuellas porque los electores temían que podrían develar el secreto del voto. Y les pregunté “¿No se podría hacer lo mismo ahora? Asegurar el secreto del voto será tan importante, hasta más importante, para los votantes en las elecciones presidenciales de lo que fuera para las primarias, ¿no es cierto?” Y una me mira, esta vez con satisfacción, como si me hubiese atrapado en una contradicción: “Pero en las primarias sólo votaron los opositores, y no nos preocupaba la posibilidad de que la gente votara más de una vez!” Su respuesta me resultó extraña, ya que recordaba los intensos debates antes de las primarias dentro de ciertos círculos de opositores que temían que los chavistas iban votar por el candidato que ellos consideraba que iba a ser más débil frente a Chávez, y así sabotear “nuestras” primarias.  Ah no, eso nunca pasó, me contestó. Es verdad, pensé. Uno recuerda lo que uno quiere recordar, y si el recuerdo no concuerda con el dogma o doctrina que uno termina adoptando, entonces se desecha el recuerdo y se niega que haya una vez existido.  Iba a rematar con el argumento anterior: puesto que estaba comprobado que las captahuellas ni remotamente pueden garantizar un-votante-un-voto, entonces ¿para qué sirven, en fin? Pero a tiempo me recordé que estas señoras tenían otro sistema de creencias, manifiestamente errado, sobre este tema, y me mordí la lengua, tomé un largo sorbo del Mumm, y pensé en otro argumento. El lector entenderá, espero, que a estas alturas todavía albergaba un mínimo de esperanza de que yo podría a estas damas de alguna manera hacerles entender y hasta aceptar mi versión, aunque para ellas sumamente heterodoxa, de la realidad política. Pensé que si la entendieran como la entiendo yo, y como la entienden millones de venezolanos,  reconocerían la trampa que significa para Henrique Capriles aceptar dócilmente la imposición de estas máquinas que en ningún país del mundo se usan para hacer elecciones. 

Les expliqué que más de 3,5 millones de venezolanos que aplicaron a la Misión Vivienda para conseguir una casa habían sido obligados a registrar sus huellas dactilares en una maquinita igual a la que iba estar conectada a la máquina de votación el día de las elecciones. Ya que una de las damas presentes es, creo, socióloga, pensé que esto sería un experimento pensado bastante fácil de dilucidar: “¿Qué van a pensar estos 3,5 millones de votantes cuando se aproximen a la mesa de votación y ven la captahuella? ¿Pensarán que podrán votar libremente por el candidato que más les gusta?”

La respuesta no se hizo esperar. Esta vez estaban furicas las dos. “Ah, entonces, ¿qué quieres? ¿Quieres que no votemos? Es que tú eres radical, tú no crees que deberíamos ir a elecciones! ¡Al contario, con una avalancha de votos podemos ganar!”

“No, es que no entienden, lo que quiero es que Henrique Capriles le diga al CNE que hay que retirar las captahuellas. Quero que reconozca que va a perder millones de votos y perder la elección si NO se retiran!”

Pero como radical, abstencionista y probablemente golpista también, mis palabras no tuvieron efecto. Ellas habían asimilado el mantra-dogma de la MUD promovido con tanta eficiencia a lo largo de los años por el Grupo La Colina, una doctrina que algunos atribuyen al mentor intelectual político de La Colina, Teodoro Petkoff.  Se resume en pocas palabras: criticar las condiciones electorales equivale a no creer en elecciones; no creer en elecciones equivale a llamar a la abstención; llamar a abstención equivale a ser de ultra-derechista, y por ende golpista. Este pernicioso refrán, como toda mentira, repetido mil veces adquiere vida propia. Aunque no tiene ningún asidero lógico muchas personas, hasta gente muy inteligente, lo repiten como loros, y así cumplen muchas veces, aún sin saberlo, con su propósito: estigmatizar, marginalizar y eventualmente neutralizar a quienes todavía tienen capacidad de pensamiento crítico e independiente; que cuestionan la versión oficial de la historia promulgada desde Miraflores, y repetida dentro de la oposición por los adherentes a la doctrina Petkoff. Evidentemente me había topado, sin saberlo, con dos adeptas de esta secta.

El auto-lavado del cerebro es un proceso que algunos sufren por vivir durante tanto tiempo bajo la férula de un autócrata como Chávez: cruel, arbitraria e imprevisible. Y como en el caso de estas damas, las personas que más sufren los síntomas  de esta especie de síndrome de Estocolmo muchas veces son gente muy inteligente, muy sensibles. Terminan sin embargo mendigando sus derechos, olvidándose de su poder innato como ciudadanos, siempre agradecidos por el privilegio de ir a votar bajo cualquier circunstancia. No se atreven a cuestionar ese odioso paradigma, cuidadosamente montado para la oposición y afinado, desde el RR y la rebelión ciudadana del 2005, por Petkoff y sus seguidores, un sistema de creencias que la víctima utiliza para mantenerse atada, sin saberlo, a su verdugo. 

Este paradigma se puede resumir así: 

“Somos minoría, hay que trabajar más, vamos a ir ganando espacios poco a poco, no exigimos nada, mejor negociar nuestros derechos y si es necesario capitular, en lugar de enfrentar, porque no tenemos ese derecho, somos débiles, somos minoría. Y ¡cuidado! porque si se nos ocurre cuestionar los resultados electorales, las hordas rojas seguro que quemarán el este de Caracas. Lo dijo Lina Ron, ¿o no?  De ningún modo podemos jamás hablar de fraude,  aunque está más que comprobado que desde el 2004 el gobierno manipula sistemáticamente las elecciones, porque esto contribuye a la abstención.  De hecho, NUNCA ha habido fraude en elecciones, esta es una leyenda más, propagada por la derecha resentida y golpista, y si hemos perdido elecciones, es por nuestra culpa (“por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”), porque no supimos defender las mesas, pero la próxima vez, eso sí, vamos a ganar! Ah, sólo si cuidamos todas las mesas. Pero ya que nunca hemos sabido cuidar todas las mesas…”

Pero todos estos geniales pensamientos me vinieron a la mente demasiado tarde, cuando ya estaba regresando a casa, y lamentablemente no los pude compartir con mis dos interlocutoras. Pensándolo bien, creo que al intentarlo hubiera echado gasolina al fuego. A nadie, sobre todo personas inteligentes, quienes se creen muy informadas sobre nuestro mundillo político, le gusta que uno les demuestre hasta qué punto están confundidas. 




Eric Ekvall / Para no morir en la Orilla



15/6/12

En el seno de la oposición democrática está surgiendo en estos días un debate sumamente importante, largo tiempo esperado. Su desenlace forma parte significativa de los factores determinantes para concretar la opción de triunfo de Henrique Capriles Radonski  en la elección presidencial de octubre.

En este debate hay dos bandos principales. Lo que podría llamarse la Oposición Oficial, integrada por la MUD y el Comando Venezuela, sostiene que las condiciones electorales impuestas por el CNE y avaladas sin crítica por la MUD constituyen un marco aceptable para que vayamos a elecciones  tolerablemente transparentes. Tienen fácil acceso a los medios de comunicación, cuentan con copiosos recursos económicos para hacerse ver y oír y su postura, a primera vista, parece reflejar el consenso del mundo opositor.

El otro bando opositor parece a primera vista minoritario. Tiene pocos recursos y cuenta con poco apoyo en los medios tradicionales, pero surge orgánicamente de la sociedad civil. Son  profesionales, técnicos y gente en general con una visión más crítica, algunos dirían más realista, de la tesitura del oficialismo, que incluye el CNE, así como del contexto político en el cual se está desarrollando la campaña.  Temen que el Comando está perdiendo de vista factores técnicos y políticos que podrían costarle la victoria a nuestro candidato.

Como entenderá el lector cuando sopesemos en los próximos párrafos las percepciones del público en relación con estos asuntos, el bando que hoy parece mayoritario por su omnipresencia en los medios, puede de hecho constituir sólo la minoría dentro del mundo opositor e independiente. En otras palabras, quienes desde la oposición oficial atacan la postura crítica de grupos como Esdata.info, VotoLimpio.info, Frentepatriotico.com y otros, en torno a las condiciones electorales, harían bien en recordar a tiempo que ellos no hablan por la mayoría de los venezolanos democráticos. Por ejemplo, cuando el rector Vicente Díaz denuncia como “delincuentes electorales”,  a ONG y ciudadanos que tienen la osadía de cuestionar las reglas del juego electoral impuestas por las élites electoreras, como hizo en declaraciones a Ultimas Noticias hace dos semanas, está caminando sobre arenas movedizas. Aunque sus opiniones serían compartidas por el chavismo, ni remotamente lo son por la mayoría democrática de este país.

Hace un mes, a fin de sortear las crecientes discrepancias que dividen los dos bandos de la oposición democrática, el diario El Nacional tomó la iniciativa de auspiciar dos foros para que voceros de ambos grupos plantearan sus respectivos criterios y puntos de vista sobre el tema electoral frente a un público ávido de respuestas.  El primero tuvo lugar el día 23 de mayo, y el segundo dos semanas después. Hoy está más claro que nunca que un abismo, de orden paradigmático, técnico y sobre todo político, se ha abierto entre los dos grupos.  Si estas discrepancias no se resuelven - en por lo menos dos áreas críticas-  podrían convertirse en obstáculos insalvables para la victoria el 7O.

Big Brother te tiene bajo el SAI

Examinemos primero un factor fundamental de discordia entre las partes. Les insto a leer el artículo “Justicia Para Todos” ,  que sienta a las captahuellas en el banquillo de los acusados del matemático Ignacio Gainzarain (http://gainzaedmat.blogspot.com/2012/06/justicia-para-todos-sienta-las.html). El autor ha escrito en otras oportunidades en su blog sobre el llamado Sistema de Autenticación Integrado (SAI), ese entramado kafkiano-orwelliano que el CNE, con la anuencia servil de la Comisión Técnica de la MUD, pretende imponernos el día de las elecciones. Su visión, crítica y hasta cáustica, del desempeño técnico y político de la MUD refleja lo que muchos se preguntan: ¿Por qué la Mesa de la Unidad y el Comando Venezuela no toman una actitud más proactiva en torno a la defensa del voto? A pesar del mantra repetido mil veces de que tendremos 120 mil testigos vigilando las mesas, y que esto bastará para impedir cualquier intento de fraude, muchos se preguntan por qué el Comando no va al fondo del asunto y apunta a las raíces del fraude. 

Entender las ramificaciones e implicaciones del SAI sobre el comportamiento del votante lleva a comprender cómo este sistema contiene en si el peso suficiente para manipular de manera contundente la votación popular a favor del candidato del gobierno. Eso sí, si la sociedad civil no se hace escuchar y no se alza en su contra para detener su implantación en los comicios del 7O.

La Comisión Técnica de la MUD, y ahora la del Comando de Capriles, aparentemente están dispuestas a aceptar que este sistema se utilice en octubre. Técnicos supuestamente calificados como Mario Torre (el Sr.Towers en el escrito de Gainzarain) alegan que debido a complicadísimas fórmulas que sólo un ingeniero de sistemas (o en este caso un matemático) puede entender, es imposible vincular la identidad del votante con su voto, a pesar del hecho que las dos máquinas no solamente están yuxtapuestas (ver foto en http://www.cne.gov.ve/web/sala_prensa/noticia_detallada.php?id=2029), sino que están visiblemente conectadas por medio de un cable. Como se empeñó en resaltar, casi con regocijo, la propia Presidente del CNE, “… son un todo indivisible!”

Es perfectamente posible que el algoritmo, el scrambler,  el código fuente, y los tantos detalles técnicos que el ciudadano común no maneja, preserven de hecho el secreto del voto. Sería bien diabólico pensar que en efecto el CNE estuviera jugando limpio, mientras que toda su propaganda estuviese orientada a asustar subliminalmente el votante y hacerle creer que el Hermano Mayor sí sabe cómo votará el 7O. Pero si no soy capaz de convencerme en un 100% de que mi voto será secreto, ¿Lo será el empleado público, el que está esperando una vivienda del gobierno, o los tantos ciudadanos que se han vuelto dependientes de una u otra misión?

En la política vale más la percepción que la realidad. Nuestras creencias, o nuestros miedos, con mucha frecuencia son más fuertes que cualquier "realidad objetiva" que uno quisiera imponerse. Por esta razón las pesadillas dejan una huella emocional que suele perdurar más allá del momento de despertar.

Pareciera que la MUD ha adoptado una política de contemporización y apaciguamiento en relación con el CNE. Sus solicitudes nunca se formulan como exigencias. Se dejan meter gol tras gol, con la excusa de que es mejor no entrar en conflicto abierto con el CNE, porque si esto ocurriera el colectivo opositor podría sospechar que existen serias irregularidades en el sistema, y al perder fe en el sistema (¿O en sus dirigentes políticos?) se abstendría de votar el día de las elecciones. 

Dada la composición de la Comisión Técnica de la MUD, conformada como está por individuos tan cuestionados como Félix Arroyo, es comprensible que los señores jefes de la MUD quizás se hayan dejado manipular en el plan técnico. Pero siendo ellos todos, sin excepción, políticos de larga trayectoria, es difícil comprender cómo han llegado a la conclusión de que se puede seguir escondiendo la verdad al público en un país donde todo termina sabiéndose tarde o temprano.

¿Y qué dice el público?

Es de costumbre para muchos columnistas, sobre todo los polémicos, hablar en nombre del Pueblo. Cuántas barbaridades se han pronunciado en nombre de ese pobre Pueblo. A la hora de tomar decisiones críticas, sin embargo, es fundamental entender cuál es el grado de conocimiento o cuáles son las percepciones que tiene el público sobre asuntos de importancia mayor. Y allí valen más los hallazgos de una buena encuesta que las ideas recibidas o prejuicios de un supuestamente avispado columnista o político.

Veamos entonces qué grado de confianza tiene actualmente el venezolano en el árbitro electoral, y particularmente en relación con el tema de las captahuellas.

Las encuestas de Alfredo Keller demuestran claramente que antes de las elecciones primarias el 41% de la población desconfiaba del CNE  y que el 44% sospechaba que su voto no era secreto. Dada la exigencia de la MUD de que se retiraran las captahuellas de las elecciones primarias, y el cumplimiento de esta exigencia por parte del CNE,  la desconfianza en el árbitro bajó en febrero a un 25% y la desconfianza en que el voto no fuera secreto bajó también, a un 34%.

Ahora bien, según su última encuesta de mayo la desconfianza ha vuelto a subir, a un 35%, y el temor de que el voto no será secreto en octubre subió también de nuevo, a un 40%.

Cuando se desagregan los resultados por afiliación política, los chavistas (el 40% del público se auto-identifica como chavista) dicen confiar en un 92% en el CNE, los independientes (35%) dicen confiar en un 58%, y los opositores (25%) sólo en un 33%. (Por cierto, Keller observa que quienes se identifican como independientes en su gran mayoría son de tendencia opositora, pero se abstienen de identificarse como tal “porque no quieren meterse en problemas”.)

En cuanto a las captahuellas, el 14% de los chavistas temen que su voto no será secreto,  como el 40% de los independientes y el 52% de los opositores.

Cuando después de las primarias Keller preguntó por qué la oposición había insistido en que las elecciones se hicieran sin las máquinas captahuellas, el 58% de los opositores, y 14% de los chavistas, contestaron de manera espontánea que la medida se había tomado para garantizar el secreto del voto.

El hecho de que 14% de los simpatizantes del chavismo y cuatro de cada diez dizque independientes teme que con las captahuellas su voto no será secreto, debería despertar el interés de los estrategas del Comando Venezuela. De manera velada este segmento del voto chavista, que suma un millón de votos, y esos independientes, que suman más de 2,6 millones, nos están señalando   que están pensando no votar por Chávez, pero temen que serán castigados si se descubren sus verdaderas intenciones.

¿No debería hacer Capriles un gran esfuerzo para convencer a estos votantes que él defenderá a capa y espada el secreto del voto? Si ese derecho era de importancia primordial para la oposición el 12 de febrero, ¿Por qué no lo es tanto para los demás votantes para el 7 de octubre?

Al seguir manteniendo un silencio sobre el tema, el candidato está perdiendo una extraordinaria oportunidad para erigirse en el adalid de la defensa del voto limpio para todos los electores. Si piensa que va a perder adhesiones exigiéndole al CNE que juegue limpio, está equivocado. Todo lo contrario. El público opositor, más los votantes que hasta ahora han votado por los candidatos del PSUV pero que hoy buscan opciones distintas, y los pocos indecisos que quedan, más los potenciales abstencionistas, verán en este gesto muestra de un gran coraje y una determinación de proteger el derecho a elecciones auténticas.

¿Qué es lo peor que le podría suceder? ¿Que el CNE rechace su petición? En este caso es el CNE quien quedará mal, no él. Para la comunidad internacional, el CNE estaría diciendo, en efecto, “Nosotros no le damos importancia a las válidas preocupaciones de la ciudadanía. Lo más importante para nosotros es que nuestro candidato no pierda”.

Si Capriles calcula que el CNE no responderá a sus exigencias, y quedará él como un impotente frente a la indiferencia del ente electoral, debería considerar lo siguiente. 

Quienes han estudiado la historia electoral de los últimos ocho años saben que el gobierno ha cometido fraude en elecciones pasadas. Siete estudios han sido publicados desde 2006 en revistas peer-review (arbitradas) en el campo de la estadística, revistas académicas del más alto prestigio al nivel mundial, que comprueban, más allá de cualquier duda, que los resultados del RR en 2004 fueron groseramente manipulados por el gobierno.

Todo indica que de una manera u otra el gobierno intentará, por artilugios tecnológicos, jurídicos o por la fuerza bruta, manipular estas elecciones también. Y si uno lo piensa bien, precisamente eso es el SAI: un periférico computarizado, impuesto a la fuerza. Por ende, Capriles, ya empatado con Chávez en las encuestas confiables, y hasta con una ligera ventaja según interpretaciones de expertos en la materia (ver el cálculo del Factor Miedo http://porlaconciencia.com/?p=3458), debe prepararse para impugnar los resultados fraudulentos que sin duda anunciará el CNE el 7O.

Ahora bien, es siempre posible que Capriles comparta la opinión de muchos en su comando, sobre todo de quienes conforman el equipo electoral, en el sentido de que el gobierno podrá haber hecho de todo pero nunca ha cometido fraude en elecciones pasadas, y así desestime los informes que prueban lo contrario. Si este fuera el caso explicaría la aparente indiferencia que manifiesta el Comando frente a los insistentes reclamos de la sociedad civil que alertan contra el fraude.

El Cálculo Político

Si Capriles empezara a exigir públicamente del CNE que desconecte las máquinas, y si exigiera que se haga una auditoría independiente, aleatoria y rápida, de una pequeña muestra (0,01% -- bastaría 1.900 de los inscritos) del Registro Electoral, despejaría muchas dudas que flotan en el ambiente político sobre estos dos temas, quizás los más álgidos de la lista de reclamos de que es objeto el CNE. Si lo hiciera, no dudo de que recibiría mucho apoyo del público opositor e independiente. Los dos grupos suman 60% del voto.  Si el objetivo es llevar la tasa de abstención de los votantes opositores a su mínima expresión ¿Qué mejor estrategia podría utilizar Capriles que la de demostrar, con palabras y acciones, que está dispuesto a luchar sin cuartel para defender el voto?

Seamos realistas. Sabemos que el CNE hará todo lo posible para no cumplir con sus exigencias, porque al auditar el RE se descubrirían las “irregularidades” que tantos ya sospechan que existen, y al desconectar las máquinas captahuellas de las de votación, el gobierno perderá  de una vez por todas su capacidad para intimidar a los votantes. 

¿Cuál podría ser entonces la reacción de nuestro candidato? Decir simplemente que por fin el CNE se ha quitado la careta, que ahora está a la vista lo que la mayoría de los ciudadanos ha sospechado durante muchos años. Podrá clamar que la indignación de un pueblo y su deseo de vivir en libertad son más fuertes que todas las manipulaciones y mentiras de un gobierno autoritario, y que esta vez sí ganaremos con una avalancha de votos!

Con esta simple maniobra Henrique Capriles se libera del chantaje impuesto por el gobierno y sus fichas que operan al margen, cuidado si no algunos hasta en el seno, del sector opositor. Al cambiar radicalmente las reglas del juego, o las normas para entablar combate, como diría un militar, Capriles alertaría al país y al mundo entero del peligro del fraude en octubre. Recuperaría la plena confianza y contaría con el voto seguro de una minoría (que sin embargo se hace oír cada día con más fuerza), que uno podría llamar el abstencionista racional, un tipo de votante más que predispuesto a apoyarlo, pero que aún duda de su compromiso para luchar incondicionalmente para defender el voto el 7 O, ya que está todavía fresca en la mente de muchos de sus partidarios la capitulación sospechosamente prematura de Rosales, quien prometió cobrar el voto y nunca lo hizo.

Este segmento de la oposición, escéptico por naturaleza, podría inclinar la balanza definitivamente a favor de Capriles el 7O, y hasta tomar la calle el día después en defensa del voto, si el candidato toma una clara y enfática posición en relación con las condiciones electorales. Porque una victoria electoral no siempre se consuma el día de las elecciones. Toledo tuvo que gritar fraude y llamar a sus partidarios a la calle para que Fujimori cayera.

El exigir condiciones electorales transparentes no conlleva absolutamente ningún riesgo para Capriles. Al contrario. Al reconocer lo que está en la boca de todos, asumirá un liderazgo que todos esperan de él. Ya está hablando con más fuerza, más convicción, llamando a las cosas por su nombre. Ahora le toca hacerlo con el CNE, y exigirle que se celebren elecciones auténticas. El no hacerlo podría costarle la victoria.




Eric Ekvall / Por un puñado de dólares



17/5/12

CARTA ABIERTA A UN CONOCIDO ENCUESTADOR VENEZOLANO

Nos conocimos en el 2006, durante la campaña de Rosales ¿Te acuerdas? Tus encuestas en aquel entonces eran una fuente de información muy valiosa para entender el entorno político-social. Creía conocerte, y valorar tu seriedad, tu empeño en llegar a la verdad de las cosas. Por esta razón me dan tanta lastima tus afirmaciones hechas en un programa de televisión este fin de semana pasado, según las cuales la brecha entre Capriles y Chávez está creciendo a causa del supuesto odio que genera la campaña de Capriles. Luego, para rematar, utilizas las mismas descalificaciones .que usa el oficialismo, lamentando el supuesto hecho de que a la oposición le falta “inteligencia” para competir con el oficialismo.

Creía conocerte, como hace mucho tiempo creía conocer a otro sujeto, Félix Arroyo, que hoy funge de Secretario de Organización de AD y que hasta hace poco era el delegado de la MUD frente al CNE. Por lo menos él estaba identificado desde hace tiempo, cuando manejaba las bases de datos en su condición de jefe del REP y luego del Saime dentro del CNE, como ficha de Jorge Rodríguez y Francisco Carrasquero. Tú, sin embargo, trabajabas para las que creíamos eran las fuerzas democráticas de este país, y nos aconsejabas en cómo entender el sentir del pueblo y neutralizar la propaganda chavista. En ese entonces pensaba que tú eras una persona seria

Ahora que te conozco mejor, a través de tus últimos patéticos espectáculos mediáticos, recitando guiones que son tan evidentemente elaborados por los propagandistas del régimen, repitiendo sin rubor ninguno sandeces y pobres lugares comunes sacados de algún texto de sociología para novatos, tratando de figurar como un profesional serio en lugar del vulgar mercenario que resultaste ser, ahora que te conozco, de verdad, lo que siento por ti es lástima. No arrechera, tampoco indignación, como sienten muchos, que ven en ti a otro “vendido” al chavismo, sino lástima.

Se dice que cada quien tiene su precio. Bueno, amigo, el tuyo resultó ser bien barato. Como tantos otros inteligentes profesionales y políticos de este país, hombres y mujeres con un futuro brillante delante de ellos, te vendiste por un puñado de dólares.

Quizás para ti este salto de talanquera no es más que una jugada táctica, una manera de comprar ese apartamento en Miami que tantos venezolanos anhelan. No, señor, es mucho más grave que eso. Esto es un juego, muy, muy peligroso, en el cual te estás metiendo.

Como bien sabes, el gobierno tiene montado un fraude masivo para el 7 de octubre. Una parte clave de ese fraude son los 4 a 5 millones de electores virtuales, o fantasmas, que el gobierno viene inventando e inscribiendo en el REP desde hace diez años. Esos “votantes” “votarán” en los 8 mil centros de votación que han sido creados desde el 2003, donde solo hay una o dos mesas, donde la oposición nunca tiene testigos y que casi nadie sabe dónde cuernos están ubicados. No importa, porque ahí votan principalmente los “fantasmas” y ellos no tienen que desplazarse el día de la elección; ya están listos – en la base de datos que diseñó Félix Arroyo- para votar en masa en las últimas horas de la jornada de votación.

Tú que eres hombre de estadísticas sabes que entre el 2003 y el 2012 la población creció en un 14%, y el REP en un 58% ¿Qué tal? Fácil de ganar elecciones así ¿no es cierto?

Pero no solamente eres un hombre de estadísticas, eres también algo sociólogo, si mal no recuerdo, así que entiendes de psicología de masas. Y sabes muy bien que un fraude electoral del tamaño que se va a perpetrar en octubre – porque, estemos claros, tanto tú como yo sabemos que el chavismo no representa mucho más del 35% de la población – no sólo depende de una eficiente prestidigitación tecnológica.

Sabes bien que para que este fraude sea avalado por los líderes de opinión complacientes y por gran parte de la dirigencia opositora, necesita aparentar cierta verosimilitud. El margen de victoria de 26 puntos de Chávez sobre Rosales en 2006 no resultó convincente para nadie, pero al menos pareció plausible.

Entonces, ¿Cómo hacer que un candidato que ha perdido el apoyo del pueblo luzca como un verdadero ganador el día de las elecciones? Hay que librar una muy inteligente guerra psicológica para hacer creer durante la campaña que ese candidato está subiendo cada día en las encuestas, y que el candidato opositor está perdiendo terreno.

Ahí es donde tú y tus colegas juegan un papel muy importante: hacerle creer a la ciudadanía que un candidato terminantemente desgastado está reviviendo, cogiendo de nuevo fuerzas inusitadas, mientras que el candidato opositor está menguando, perdiendo brillo, y que va derecho a una segura derrota electoral.

Es fácil manipular a la opinión pública ¿No? Yo que he trabajado durante casi 40 años en el campo de la asesoría electoral, conozco los trucos. Para mí – y para muchísimos venezolanos que no tienen mi experiencia, pero sí tienen mucho sentido común y ven más allá de las apariencias — todo lo que tú y algunos de tus colegas están haciendo en este sentido es muy fácil de comprender.
Sabemos por qué el chavismo quiere retrasar las elecciones, y tú también. Necesitan preparar a otro candidato, montarlo y proyectarlo desde su maquinaria propagandística, cubrir el país de afiches y las pantallas de televisión para hacerlo conocer, y eso toma tiempo . Mientras tanto, el verdadero trabajo propagandístico lo hacen ustedes, los encuestadores que trabajan para el gobierno, haciéndonos creer que hasta el hombre casi muerto – u otro, más gris, sin carisma- está subiendo como la espuma y que Henrique Capriles está cayendo como un plomo.

Lo que muchos no entienden es por qué Eduardo Fernández, Lewis Pérez, Kiko y algunos de los dizque dirigentes de la oposición también están trabajando también para postergar la fecha de las elecciones. Tenemos nuestras sospechas… un día lo sabremos. Todo termina sabiéndose temprano o tarde, en este país.

El proxenetismo político es un oficio tan antiguo como su variante sexual. Pero qué lástima da ver a gente inteligente, con futuro, meterse en eso. ¿No te has dado cuenta que el dinero es efímero? ¿Fueron tan pobres, tan desolados, tus años de formación ética, académica y profesional que en algún momento tomaste la decisión de que no podías rechazar un puño de billetes sucios y hasta ensangrentados? ¿Nadie te inculcó un mínimo de amor propio, de vergüenza, de valores y principios cuando eras más joven, cuando soñabas, como sueñan todos los jóvenes -y hasta los no tan jóvenes- en un mundo mejor?

La respuesta la tendrás tú. Pero si no despertamos, si no desenmascaramos a tiempo a los que traicionan los más elementales principios de decencia, las consecuencias de esta perfidia tendremos que sufrirlas todos.

Eric Ekvall / ¿Están sesgadas las encuestas?

Eric Ekvall / ¿Están sesgadas las encuestas?


15/03/12

Piénsalo bien. Un desconocido toca el timbre de la casa. Se identifica con un distintivo que lo acredita como entrevistador de una conocida empresa de investigación de opinión pública. Te dice que te quiere hacer unas preguntas sobre la actualidad política y social. Y te pregunta, entre otras, qué opinas de Hugo Chávez. Que si piensas votar por él en octubre. Que si ha hecho una buena o mala labor como gobernante. ¿Qué le dices?

Según los encuestadores en Venezuela, le vas a decir la verdad. No conoces a ese señor, pero según quienes manejan la gran industria que supuestamente nos dibujan qué  piensan y cómo se comportan los venezolanos, le vas a decir con toda honestidad lo que piensas del gobierno y del presidente. No importa que el presidente sea un dictador de facto, que haya brutalmente despedido, por serle políticamente desleal, a la mitad de la nómina de la principal empresa del estado, no importa que su policía política intervenga llamadas telefónicas y correos electrónicos, que vigile no solamente a la población opositora sino también a sus propios empleados públicos, que la consigna mil veces repetida por los jerarcas de su partido sea que no se tolerará ninguna “traición” hacía la causa revolucionaria. Nada de eso te importará a ti, por que tú te sientes libre para compartir con un desconocido que te toca la puerta tus más íntimas convicciones políticas.

Es posible que los empresarios fabricantes de opinión pública en Venezuela crean en esta absurda ficción, pero no todo el mundo es tan ingenuo, o cínico, según el caso. En agosto de 2006 llegó al país el veterano encuestador norteamericano Douglas Schoen, de la empresa Penn & Schoen, que  fue contratada por la campaña de Manuel Rosales para llevar a cabo sus encuestas.

Yo conocía a Doug desde hace muchos años, y   también trabajaba en esa campaña. A la semana me confesó que según  había palpado del zeitgeist político y social, iba a ser imposible sacar conclusiones válidas a partir de una encuesta ejecutada según los patrones tradicionales de la industria.

“Aquí todo el mundo se cuida de decir lo que piensa. En los restaurantes la gente baja la voz cuando habla de política, nadie dice nada por teléfono. ¿Cómo carajo entonces puedes esperar que el hombre de a pie, el empleado público, una persona que depende de una u otra misión del gobierno, te va a decir la verdad sobre lo que piensa?”

Schoen siguió adelante con la encuesta que le habían encomendado para el mes de agosto, una encuesta tradicional, con entrevistas de puerta en puerta, empleando la misma metodología que han utilizado las empresas encuestadoras en Venezuela durante cuatro décadas. Sin embargo, para comprobar la veracidad de su hipótesis, diseñó un esquema de encuesta novedoso que nunca se había ejecutado en Venezuela. Basándose en proyecciones demográficas a partir del censo 2000, identificó  200 puntos precisos en lugares públicos (paradas de autobuses, bocas de metro, esquinas, plazas, entradas a barrios) a través del territorio nacional que reflejaban una especie de corte transversal de la sociedad venezolana  y en cada punto desplegó un entrevistador cuya tarea era la de hacerle una muy corta entrevista a 10 personas. Sin entrar en una descripción detallada de la metodología utilizada, basta decir que la diferencia principal entre las dos encuestas – que fueron hechas el mismo día, con el mismo cuestionario – era que una dejaba plenamente identificado el encuestado (la encuesta de hogares) y la otra era auto-administrada (el encuestado llenaba él mismo el cuestionario) y de carácter anónimo (el encuestado depositaba el cuestionario directamente en una urna dentro de un morral que llevaba el entrevistador).

Schoen utilizó estas dos metodologías para hacer cuatro encuestas con trabajos de campo simultáneos, dos un mismo domingo a finales de agosto, y dos un mismo domingo a finales de octubre. En ambos casos las encuestas demostraban un sesgo de 14 puntos a favor de Chávez en las encuestas de hogares. Es decir que  en agosto la encuesta de hogares demostró que Chávez gozaba de una ventaja de 27 puntos sobre su contrincante, mientras que la encuesta del morral le daba una ventaja de 13 puntos. Dos meses después, a seis semanas de las elecciones, la encuesta de hogares le daba una ventaja de 20 puntos frente a Rosales, mientras que la encuesta del morral le daba sólo una ventaja de 6 puntos…

Los resultados de esta encuesta paralela nunca fueron divulgados al público, pero eran del conocimiento de toda la plana mayor de la campaña de Rosales. Y Schoen había comprobado su tésis. Existe una enorme brecha entre lo que la gente está pensando y lo que está dispuesto a compartir con un extraño.,Schoen  llamó  a esta brecha el  ”Fear Factor” – el Factor Miedo- .

En 2006 el Factor Miedo era de 14 puntos. ¿Cuál será en 2012?


Eric Ekvall / Frente a Las primarias: Verdades Incomodas


25/01/12

1.  El Silencio ensordecedor

Amigos me comentan a diario sus apreciaciones sobre la situación política. “¿Qué te parece el retiro de Leopoldo a favor de Henrique?”. “Diego y María Corina tienen las mejores ideas, pero ninguno de los dos tiene posibilidades de ganarle a Chávez”. “Yo creo que Diego está más claro en cuanto a la situación política, pero polariza demasiado, y lo que necesitamos para ganar en octubre es un candidato que sume en lugar de restar votos”. “Mira lo que dicen las encuestas, Henrique tiene más apoyo y parece ser el único que puede sumar votos y salir ganador en octubre”. “Pablo tiene el apoyo de los grandes partidos, sus propuestas sintonizan con el chavismo, y puede garantizar una transición sin violencia”.

Cada vez que escucho este tipo de comentarios, tengo la sensación de vivir en otro país. A tres semanas de las primarias muchos de mis amigos alimentan grandes expectativas hacia el futuro: piensan que elegiremos un candidato opositor y  que si éste logra sumar alrededor de él una siempre creciente mayoría de votantes insatisfechos con estos 13 años de chavismo, con propuestas sensatas englobadas dentro una excelente campaña electoral, tendremos grandes posibilidades de ganar las elecciones en octubre.

Entiendo su postura, entiendo su razonamiento, y con cierta nostalgia quisiera compartir su sueño. Pero la cruda e implacable realidad del entorno político en el que vivimos no me permite ni soñarlo. En cambio, trato con paciencia de explicar a mis amigos que a pesar de su optimismo – reflejado en ese slogan devenido tan ubicuo en estos días, “2012, el Año del Cambio”- a pesar de la percepción de que Chávez está cayendo en las encuestas y de que la oposición está supuestamente más unida que nunca, los venezolanos no vivimos en democracia, que esta es una dictadura, que los dictadores pueden celebrar elecciones – como lo hacen en Cuba, Bielorrusia y otras dictaduras -  pero nunca las pierden, y que la mafia narco-terrorista-militar que se ha ido adueñando del país tiene tantos expedientes abiertos y por abrir que nunca, nunca dejará el poder. Porque perder el poder significa perder la inmunidad que confiere ser amo de un país soberano.

Usualmente a estas alturas no pierdo mi tiempo en enumerar los estudios divulgados por publicaciones académicas del más alto prestigio a nivel mundial que afirman, sin ambages, que desde el 2004 el sistema electoral venezolano es un casino donde el dueño del casino reparte las fichas según sus preferencias y determina quién gana y quién pierde. Ya no trato de explicar, cifras en mano, cómo la cuarta parte de los votantes inscritos en los últimos diez años en el Registro Electoral Permanente existe sólo en nombre. Aún cuando demuestro que casi el 100% de las personas mayores de 18 años en Venezuela están inscritos en el REP, y que hace cuatro años, sólo en el Distrito Capital, según cifras del INE, había una población mayor de 1.514.403 habitantes, mientras que dos años después, según cifras del CNE, 2.100.977 votantes del Distrito Capital estaban inscritos en el REP (www.analitica.com/va/politica/opinion/3093490.pdf).

Repito: entre 2008 y 2010 (si uno acepta como verdad la absurda tesis que 100% de  los habitantes mayores de 18 años en el DF están inscritos en el REP) el número de votantes aumentó en un 39%.

Tómese un minuto para digerir las implicaciones de estas cifras oficiales – ¡cifras oficiales! En dos años la población de mayores de 18 años en el Distrito Capital ha crecido en un 39%.

Esto nos lleva indefectiblemente a la conclusión de que 28% de los inscritos en el Distrito Capital son votantes fantasmas.

Ud. puede con toda seguridad extrapolar esta fórmula y aplicarla al resto del país, sobre todo en las regiones rurales, donde más han crecido los nuevos centros de votación (y la cantidad de votantes virtuales) y donde hay menos control por parte de la oposición. Y no olvide que la oposición nunca ha podido establecer y mantener una presencia firme en más de 60% de los centros de votación a nivel nacional. 

Examinemos estas cifras desde una perspectiva global: En los países donde el registro es voluntario, como es el caso de Venezuela, el porcentaje de votantes elegibles (mayores de edad) inscritos en el registro electoral de sus respectivos países oscila entre 70% y 75%, aún en las democracias más maduras.  Partiendo de la premisa razonable de que el 65% de los venezolanos son mayores de edad, y que tenemos una población de  28,5 millones de habitantes, son 18.525.000 los venezolanos mayores de 18 años. ¿Qué nos dice el CNE en cuanto a votantes inscritos en el REP? En diciembre 2011 contabilizó 18.338.913 votantes inscritos. Si aplicamos la fórmula aceptada según la cual entre 70% y 75% de los mayores de edad estaría inscritos en el REP, tendríamos una verdadera inscripción electoral que oscila entre aproximadamente 13 y 13.9 millones de votantes de carne y hueso. De ahí la cifra mínima de 5 millones de votantes fantasmas.

La develación de esta burda y descarada manipulación, esta mentira tan obvia, tan fácilmente comprobada, debería ser motivo de indignación ciudadana, de llamadas a la acción, de manifestaciones nacionales, de reclamos a instancias regionales e internacionales y de exigencias específicas por parte de la MUD para que se investiguen de manera exhaustiva las cifras del REP y las metodologías empleadas por el CNE y el INE a nivel nacional. Pero nada. Lo que se escucha es un silencio ensordecedor, para muchos incomprensible, por parte de quienes se ufanan de ser los dirigentes de la oposición.

2. Cambio de Paradigma

Uno bien podría preguntarse por qué a veces con ciertos amigos me resigno a no insistir en explicar con detalle la magnitud del fraude que el régimen sigue montando a diario (el Registro está abierto; el CNE sigue inscribiendo votantes, quizás votantes de verdad, seguramente votantes fantasmas) a fin de asegurarse una holgada victoria el 7 de octubre.

La respuesta no es fácil. Por un lado, muchas personas prefieren vivir una ilusión cómoda en lugar de enfrentar una verdad incómoda. Muchas personas sencillamente no logran cambiar de paradigma.

Cambiar de paradigma significa desechar todo lo que uno cree saber sobre un asunto y aceptar, basándose en nuevas evidencias, una nueva verdad. Nuestro planeta fue creado hace entre 5 y 6 millardos de años, no es plano, y da vueltas alrededor del sol, y no al revés. Hoy aceptamos estas verdades como tales, pero hace 500 años hacía falta ser un hereje para tener creencias así, y el conjunto de dogmas de la Iglesia Católica Apostólica Romana garantizaba que al expresarlas abiertamente los herejes pagaran con su vida el atrevimiento.

Frente a las evidencias irrefutables sobre el fraude y confrontado con el hecho de que no solamente estas evidencias se han hecho públicas desde hace muchos años (aunque hayan tenido muy poco eco en los medios masivos de comunicación) sino que todos los altos dirigentes políticos y candidatos a las primarias están al tanto de esta información, el venezolano inteligente con conciencia cívica se enfrenta a un terrible dilema. O sigue aferrado al paradigma convencional (la MUD habla claro, actúa de buena fe, representa mis intereses, representa un auténtico cambio, aspira apoyar a un candidato que remplace a Hugo Chávez, etc.) o entra en un mundo desconocido, un mundo que en los mapamundis del siglo XV los cartógrafos señalaban como Terra Incognita, poblada de monstruos. En este mundo abundan los interrogantes, y escasean las respuestas claras. El mero hecho de reflexionar sobre estos temas y hacerse estos interrogantes implica que uno está cambiando un paradigma cómodo por un paradigma terriblemente inquietante. Y para algunos eso implica  coquetear con la herejía; podría pagarse caro,  muy caro, ese pecado.

Por ejemplo: si la MUD se resiste enérgicamente a reconocer, denunciar con vehemencia y rectificar el carácter fraudulento de un sistema electoral que garantizará sin duda una holgada victoria al candidato oficialista en octubre, ¿A qué intereses responde? Y la respuesta inevitable es que los líderes de la MUD no están comprometidos con un cambio de gobierno. Algunos de los candidatos, evidentemente sí y otros, aparentemente, no.

Hay un dicho en inglés, “Politics makes strange bedfellows”, cuya traducción sería algo como “en la política todo es posible” o, mejor dicho, “en la política hasta los polos opuestos se pueden juntar”. En nuestro caso, pareciera que el régimen se ha aliado con algunos poderosos jerarcas de la MUD, con el apoyo de figuras claves en los medios de comunicación, para instaurar un Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición Electoral, desde el cual se impone a la fuerza un dogma que consiste en no hablar del fraude, y así permitir no solamente la reelección (¿indefinida?) del dictador o su candidato designado sino también la instauración de un aparato burocrático opositor alimentado y controlado por el régimen, el cual fungiría cual Pueblo de Potemkin, como Partido Unido de la Oposición. Un Partido Unido de la eterna Oposición que satisfaría la necesidad de este régimen forajido, criminal y terrorista, de presentarse como legítimo a los ojos del mundo. Y para seguir alimentándose a sus anchas del erario público.

Creo que poco a poco los venezolanos opositores conscientes están cambiando de paradigma. Por supuesto cuesta mucho hacerlo. Significa deshacerse de las creencias y las lealtades reflexivas a través de las cuales uno ha ido construyendo su realidad política durante toda una vida. Significa ver con ojos muy  abiertos quién es quién, de verdad. Significa, en una palabra, despertar, y ver el mundo como es, y no como uno quisiese que fuera.

3. Cuentas claras

Como asesor político con más de 35 años trabajando en tres continentes con decenas de candidatos a todos los niveles, creía haberlo visto todo. Pero el actual panorama electoral venezolano (el verdadero, no el que se le ofrece al público, el pan y circo del show montado para las masas) desafía la imaginación.

Ahora bien ¿Qué hacer frente al pan y circo de las primarias? Porque, recordémoslo, el mismo régimen, actuando a través del CNE – que tiene una trampa mortal montada para las elecciones de octubre, con la complicidad activa y pasiva de poderosos sectores de la oposición- es el que maneja y controla en gran parte el proceso de las primarias. Estemos muy claros: Chávez quiere medirse contra un candidato cómodo, un candidato que no lo ofenderá, que no le hará preguntas indiscretas, que no profundizará en las incoherencias, mentiras y -llamémoslo por su nombre – asuntos de la criminalidad en la que se ha incurrido en los últimos 13 años.

Sea usted el juez. ¿Cuál de los ahora cinco candidatos le conviene más a Chávez como contrincante? Olvídese por una vez de los intricados cálculos electorales que hacen los analistas políticos que salen cada día con sus pronósticos, de que si éste tiene más carisma que el otro, o que si tal o cual partido tiene más arraigo; que si la oferta de fulano supera a la oferta de fulana. Olvídese del viejo paradigma, que supone que estamos en un ciclo electoral donde, aún si nos tienden trampas por aquí y por allá, el candidato opositor podrá ganar si obtiene “una avalancha de votos”.

Volvamos a las cuentas anteriores.

En este momento, el REP tiene inscritos aproximadamente 18 millones de votantes, de los cuales 5 millones (según se puede extrapolar de las cifras mencionadas anteriormente) son votantes fantasmas o virtuales. Partiendo de la premisa de que altas tasas de abstención favorecen al candidato del gobierno (ya que tiene 5 millones de votos ya tabulados a su favor), hagamos un ejercicio teórico: supongamos que habrá este año una participación real de 75% de los electores. Es decir, 75% de los 13.5 millones de votantes (los de carne y hueso) decide votar y se abstiene un 25%.  Es decir, votan un poco más de 10 millones de electores.

Supongamos (aunque sea poco probable, ya que el chavismo maneja mucho mejor que la oposición sus operativos caza-votos el día de las elecciones) que la mitad sea de votantes chavistas, y la mitad sea de la oposición.

Imaginemos además que dentro de este universo de votantes reales, el candidato opositor, haciendo una campaña brillante frente a un candidato de gobierno débil, logra captar 65% de los votos.  Habrá conseguido 6,5 millones de votos contra 3.5 millones.  Pero, recuérdese, quedan por contabilizar los 5 millones de votos fantasmas ya que  – a diferencia de las elecciones regionales y municipales, donde existen más controles a nivel local y se puede fiscalizar mejor el proceso- el chavismo los verterá a su favor en la sala de totalización tan fácilmente como uno vierte un tobo de agua en la bañera.

De repente, estos 5 millones de votos virtuales se agregan a los 3.5 votos auténticos del chavismo, y Chávez gana con 8.5 millones de votos contra 6.5 de la oposición y el resultado electoral es 56% a 44%, con un margen de victoria de 2 millones de votos.

Y éste es el mejor de los casos imaginables para la oposición.

Basándome en estos sencillos cálculos, sostengo que para la oposición es políticamente y matemáticamente imposible, bajo las condiciones actuales, ganar las elecciones presidenciales.

4. La verdadera alternativa

Entonces ¿Cuál debería ser la postura de la oposición frente a las primarias? Esto depende de qué buscamos lograr con la campaña electoral. A sabiendas de que la partida  está perdida de antemano, como ya se supone y se habla en las más altas esferas de la cúpula oposicionista, ¿Deberíamos buscar complacer el régimen con una campaña inofensiva, una campaña basada en estrategias electorales tradicionales?, ¿Buscaremos aglutinar votos de la manera menos ofensiva, y superar la oferta electoral del opositor con la vana esperanza de que podremos cohabitar apaciblemente con el enemigo en el 2013, negociando cuotas de poder según las viejas reglas del juego político venezolano? ¿Es esto lo que buscamos?

Esta parece ser ya la estrategia de varios candidatos que se esfuerzan en no ofender ni acusar a nadie, en no hacer preguntas incómodas, en quedar bien con todo el mundo.

Una estrategia alternativa consistiría en develar detalladamente, de manera contundente y sin cortapisas, la naturaleza intrínsecamente fraudulenta del proceso electoral. Demostrar que las estructuras legalistas que sostienen al régimen y le confieren legitimidad son una mentira. Concentrar los ataques contra el punto en que el régimen es más vulnerable y así deslegitimarlo a los ojos del mundo. Porque la cadena de posibles acciones futuras debe pasar por la deslegitimación de un régimen que proclama al mundo que es una democracia, mientras actúa en las sombras como la más cruenta dictadura. Los países que vivieron la Primavera Árabe están tratando de pasar de dictaduras a democracias, ya que ellos mismos y el resto del mundo entienden su historia. El camino venezolano debe ser distinto: antes de instaurar una auténtica democracia, se debe demostrar a los ciudadanos y a los ojos del mundo que aquí se vive en dictadura, no en democracia, y por ende los venezolanos tienen la responsabilidad y el deber de desenmascarar la farsa, y deslegitimar a Hugo Chávez y su régimen, antes de emprender la ardua tarea de reconstruir el país según principios de justicia, igualdad, respeto y transparencia.

Pablo Medina viene haciéndolo desde hace tiempo. Diego Arria lo hace cada día con más convicción y autoridad. Y María Corina por fin está descubriendo que el cazar águilas con temple y audacia reporta más dividendos políticos que ofrecer más y mejores programas sociales.

Los venezolanos deben  tener muy claro cuál es el camino que quieren seguir, porque hay solo dos caminos. Los estudiantes que hasta ahora han invertido su capital político en candidatos oportunistas deben decidir qué clase de país quieren construir, porque el país que se está construyendo, o destruyendo, ya les pertenece, para bien o para mal. Nos toca a todos escoger este 12 de febrero entre un perverso puntofijismo del Siglo 21 y una ruptura sistémica con el pasado. No nos queda otra.



Eric Ekval / Campaña Presidencial bajo la sombra del fraude



18/12/2011

EL TABÚ:  Los pre-candidatos de la oposición están entrando en la recta final de la pre-campaña. Ahora abundan las ofertas, las promesas y los más detallados y generosos programas sociales, todos orientados a atraer a un público cada día más desganado. No sólo está harto de Chávez y de su cínica politiquería, sino harto también de la cada vez más irreal y populista campaña de la oposición. Si uno desconociera la cruda realidad del país, pareciera que esta campaña electoral transcurre en un país digamos excesivamente normal. Pero no es el caso. Vivimos en dictadura.  Una dictadura a la vez brutal y represiva para quienes se atreven a oponerse de frente a ella, o que se encuentran en el lugar equivocado en el momento equivocado (como bien ilustra el caso del Comisario Henry Vivas, preso político desde hace siete años, desfalleciendo poco a poco en un calabozo del SEBIN), y a la vez muy sofisticada, casi invisible, en el sentido que la creciente represión no está percibida como tal por todos.

Los partidos de la MUD y los medios de comunicación llamados independientes (y ninguno de ellos, ni los partidos ni los medios, puede calificarse hoy de independiente frente al poder omnímodo del aparato gubernamental) promueven una ficción que consiste en hacerle creer a la ciudadanía que la oposición es mayoría, que iremos todos a votar el 7 de octubre, que de ahí, con suficientes votos, el candidato de la oposición podrá derrocar el candidato de gobierno, y que el camino hacia una transición democrática y pacífica está allanado.

Esta versión, sin embargo, tiene algo de verdad. Quienes se oponen a la dictadura de Chávez son mayoría, y son mayoría desde hace muchos años, por lo menos desde el 2004, cuando Chávez fue efectivamente derrotado en las urnas, según se deprende de un estudio científico avalado en 2006 por los rectores de la más prestigiosa publicación académica a nivel mundial en materia de estadística, la International Statistical Review (http://bit.ly/gFZela).

Pero ser mayoría no garantiza en absoluto que ésta se traduzca en votos que serán tabulados por el CNE, como tristemente aprendimos hace siete años. Ya en ese entonces más de la mitad de los venezolanos estaba convencida de que el gobierno había cometido fraude para mantenerse en el poder (http://zogby.com/news/2004/12/14/venezuelans-see-their-country-as-unstable-and-risky-for-foreign-investors/), pero el omnímodo poder de la máquina propagandística del gobierno, aunado a una postura complaciente (algunos dirán colaboracionista) de prominentes voceros y dirigentes de la oposición, logró descalificar a los pocos políticos y voces de la oposición que se atrevieron a cuestionar los resultados oficiales. Así, el gobierno logró sofocar la protesta ciudadanía que estaba a punto de tomar la calle.

Siete años después, la situación ha empeorado. Aunque las conclusiones de reconocidos académicos con prestigio internacional que han estudiado a fondo los resultados electorales del 2004 coinciden en calificar de fraudulentos los resultados oficiales de ese año
(http://www.imstat.org/sts/future_papers.html), ningún medio de comunicación resalta sus informes, y con la excepción de un par de pre-candidatos (que no gozan precisamente de la aprobación de los caciques de la MUD) que se atreven a denunciar el fraude que se nos avecina, el estamento político opositor está mudo.

Los principales partidos de la oposición constituyen hoy un cartel hegemónico. Sus portavoces y los candidatos, con pocas excepciones, emiten a diario insípidas e inocuas declaraciones de principios y tibias críticas al gobierno, cuyo propósito fundamental parece ser pasar agachados y no ofender al gobierno que los oprime (¿o los mantiene?), en lugar de ganar elecciones. Al escuchar el discurso de los más prominentes candidatos, los que copan la atención de los medios, uno tiene que hacer esfuerzos para recordar que ellos representan supuestamente una vigorosa oposición a esta dictadura populista, y no un chavismo sin Chávez.

Dentro de este contexto alarmante llama poderosamente la atención la falta total de interés que tienen los dirigentes de la MUD en alertar sobre el fraude, exigir condiciones electorales medianamente transparentes, y preparar a la ciudadanía para impugnar los resultados del 7 de octubre, que darán sin lugar a dudas la victoria al candidato del gobierno, sea quien sea.

La razón que con más frecuencia se baraja para justificar este silencio cómplice es que si le habláramos sinceramente al país de la realidad del fraude, los ciudadanos se abstendrían de votar, creyendo que el partido está perdido de antemano. Las implicaciones de esta postura, adoptada unánimemente por la MUD y los medios de comunicación todavía considerados independientes – es decir, por todas las voces que nos hablan desde una perspectiva supuestamente oposicionista – son sencillamente espantosas.

Primero, implica que los votantes no saben que el gobierno ha recurrido al fraude, y no creen que el gobierno seguirá cometiendo fraude a fin de mantenerse en el poder. Ya la encuesta Zogby, citada arriba, desmonta esta falacia. Hace cuatro meses, El Nacional preguntó a sus lectores en una encuesta en línea: “¿Piensa que hay posibilidades de fraude en las próximas elecciones presidenciales en Venezuela?” El 27% opinó que era imposible, el 6% respondió que era poco probable, el 18% opinó que era posible, y el 50% dijo que estaba seguro que el gobierno cometerá fraude en 2012.

Es curioso, e inquietante, notar que ninguna empresa encuestadora local se ha interesado en indagar sobre el tema. Pregunté por qué a un connotado encuestador y lo único que pudo decirme era que ningún cliente había pedido que investigara sobre el tema. ¿Será que nadie quiere saber? ¿Simple falta de curiosidad, o complicidad pasiva con el régimen? Lo que sí se puede afirmar es que el pueblo venezolano es mucho más despierto y consciente de lo que pasa en el país de lo que creen las élites. Estas parecen haber olvidado la regla de oro del famoso asesor político, Joseph Napolitan, cuando afirmó que el más gran error que puede cometer un político es creer que el público es bruto.

Así que, según los señores de la MUD y buena parte de los medios de comunicación, las élites políticas que quieren protegernos de la cruda realidad del país, hablar claro al pueblo sobre la realidad del fraude y de cómo combatirlo equivale a  incrementar la abstención. Según esta lógica, en la que la verdad es tabú,  las autoridades civiles y empresarios turísticos de un balneario deberían callar si saben que hay tiburones en las aguas costeras… ¡porque hablar del peligro espantaría a los bañistas!

Muchos observadores han concluido que esta lógica es absurda y hasta contraproducente. Y la existencia de los votantes independientes, los mal llamados Ni-Ni, es prueba de ello. Antes del 2004 la categoría de Ni-Ni no existía. Fue creciendo después de referéndum revocatorio, y alcanzó entre 30% y 50% de la población votante a partir del 2005, cuando una revuelta popular en contra del intento del régimen de utilizar máquinas capta-huellas en las elecciones parlamentarias ocasionó espontáneamente un movimiento abstencionista cuyo propósito era doble: mandar un mensaje a los partidos de oposición, que con la mayor complacencia habían aceptado la imposición de estas máquinas, y quitarle legitimidad al gobierno y a la votación.

La respuesta de los partidos y de ciertos autoproclamados voceros de la oposición no se hizo esperar. Culparon a “la derecha radical” de haber entregado en bandeja de plata la Asamblea Nacional al chavismo y ridiculizaron lo que era en realidad una auténtica y espontánea manifestación de desobediencia civil. La brutal arremetida político-mediática contra esta espontánea iniciativa ciudadana tuvo como propósito recordar a la sociedad civil que los partidos políticos y sus aliados en los medios de comunicación no tolerarían que la sociedad civil decidiera su propio destino, y que la política es, y siempre será, provincia exclusiva de los políticos de oficio.

Pero también tuvo un efecto inesperado: despertó la sospecha en muchos de que cierto sector de la oposición estaba haciéndole el juego al chavismo, ya que lo que más anhela Hugo Chávez es una legitimidad político-electoral bien blindada.

Así nace el Ni-Ni. Es férreamente anti-chavista y votaría por un auténtico candidato independiente que no estuviera contaminado por los partidos políticos tradicionales (y a estas alturas, PJ es tan tradicional como Copei, y UNT tan tradicional como AD), ya que sabe que no puede estar seguro que estos partidos representarán sus legítimos intereses.

En fin, a diez meses de las elecciones presidenciales, la MUD y sus partidos no parecen estar dispuestos a exigir del CNE las más básicas condiciones electorales que, de cumplirse las más elementales, ayudarían a devolverle cierta confianza a la gran mayoría de los votantes en cuanto a  que su voto sea respetado.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

1. Directiva Imparcial

¿Por qué no se cumple lo establecido en la Constitución y tenemos  directivos del CNE que han sido miembros del partido de gobierno, o altos funcionarios del gobierno?

2. Reapertura de la Fiscalía de Cedulación
¿Por qué no existe un mecanismo de fiscalización controlado por la oposición, para la revisión continua de los electores inscritos en el REP, tal como existió hasta 2002, y tal como lo exigió el Centro Carter?

3. Auditoría independiente del REP
¿Por qué no se ha hecho una auditoría externa del REP, verificando los inscritos en el REP contra sus partidas de nacimiento o actas de nacionalización, y por qué cuando CAPEL hizo su auditoría el CNE no pudo entregar las 12.820 partidas de nacimiento o actas de nacionalización solicitadas reiteradamente por CAPEL?

4. Eliminar capta-huellas
¿Cómo explicar a los  electores de manera convincente que la capta-huellas conectada a la máquina de votación, no tiene la capacidad de identificar al elector? ¿No es acaso esa su función?

5. Invitar Observadores Internacionales
Si el proceso electoral Venezolano se considera entre los más avanzados del mundo ¿por qué  el CNE no permite Misiones de Observación por parte de los organismos internacionalmente reconocidos en la materia, tales como la OEA y la UE?. Y si es electoral un sistema automatizado que amerita complejas y variadas revisiones ¿por qué no se permite su  verificación anticipada por parte de Misiones de Observación?

6. Selección pública y transparente  de  miembros de mesa, coordinadores de centro  y operadores de máquina
¿Por qué motivo no se hace una selección pública y transparente de este personal clave del proceso comicial?

7. Auditorias de las mesas vs.  actas impresas y mesas cerradas
¿Por qué no se escanean y publican las actas de escrutinio y las actas de todas las auditorías?

8. Suspender, so pena de inhabilitación, el  ventajismo  comunicacional del candidato oficial
¿Por qué ha sido y sigue siendo incapaz el CNE de cumplir su deber constitucional en esta materia? ¿Cómo sabemos entonces que cumplirá en las otras?  

9. Sacar  a la milicia del proceso
¿Por qué el CNE permite la presencia de la Milicia en el proceso de votación, si se trata de civiles uniformados y armados de la misma ideología que el gobierno  y que no forman parte de las Fuerzas Armadas reconocidas por la Constitución?

Hasta que la MUD , los partidos políticos y sus candidatos no cumplan con defender los intereses de la sociedad civil – los cuales no son necesariamente los intereses de los partidos, que cada día negocian sus votos a espaldas del público – nadie debería sorprenderse de que exista una creciente desconfianza hacia el estamento político.

Si miraran la realidad de frente, sin tapujos, y defendieran la transparencia del voto, los partidos y sus candidatos, lejos de aumentar la abstención, empezarían a reivindicarse y recuperar su credibilidad frente a un país cada día más cínico y desesperado.

Para los escépticos que opinan, con razón, que el CNE nunca adoptará este conjunto de medidas (ya que esto produciría sin duda la derrota electoral de Chávez), y que la MUD sólo haría el ridículo pidiendo y pidiendo algo que nunca se cumplirá, la respuesta es muy sencilla. Al adoptar una postura firmemente unida frente al CNE, la MUD demostraría que toma en serio la amenaza del fraude. Y al rechazar las exigencias de la MUD, el gobierno se quitaría la careta de una vez por todas y el CNE quedaría identificado como lo que  es de verdad: un ministerio más de la dictadura, cuyo objetivo es garantizarle a Chávez todas las victorias electorales que él quiera.

Quienes quieren de verdad ver un profundo cambio democrático en Venezuela y nunca estarán satisfechos con sólo ver un cambio de gobierno – con los mismos poderes detrás del trono  -  deben exigir a la MUD que hable claro al país: que reconozca que la realidad electoral actual no es más que una vulgar pantomima y que el fraude es una realidad que nos acecha desde el 2004. Deben exigir a la MUD, en consecuencia, que se ponga los pantalones y conforme un frente unido para exigir al CNE que deje de jugar con dados cargados. Son seis candidatos que pueden levantar juntos una fuerte voz de protesta. Dos ya están claros, y se atreven a hablar del tema. ¿Y los demás?

Señoras y Señores, las cartas están sobre la mesa: les toca a ustedes pronunciarse.



LO MAS VISTO EN ESTA SEMANA

Etiquetas

@_kiwii7 11A ADOLFO P. SALGUEIRO Agustin Blanco Muñoz Agustín Laje Alberto Franceschi Alberto Lossada Sardi Alejandro Guerra Alejandro Marcano Alejandro Peña Esclusa Alejandro Sosa Alfredo Coronil-Hartmann Alfredo García Deffendini Alfredo Weill ALICIA FREILICH Ana Diaz Ana Maria Da Costa Andres Reynaldo Anibal Romero Antonio Nicolás Briceño Braun Archivos e informes Argentina Arianna Arteaga Quintero Armando Duran Arteaga Sanchez Caracas CSI Carlos Alberto Montaner Carmen Cecilia Perez Carolina Arnone China cne Colaboracionismo Comunicados y Notas de Prensa comunismo Cosme Beccar Varela Cristal Montañez cuba Daniel Comisso Urdaneta Daniel Pérez David Guenni DD HH Delfin Gomez Parra Diego Augusto Loyo Rosales documentos Eddie Ramirez Edgardo Ricciuti Eduardo Mackenzie educación eleecciones Elias Buchszer Cabriles Eligio Cedeño Elinor Montes Entrevistas Eric Ekval ESDATA espacio España especiales Europa Exilio FAES Federico Boccanera Felipe Rodriguez Fernando C. Rodríguez foros Franklin Brito Franzel Delgado Senior Frate Frater America fraude Frente nacional de abogados FUNDEPRO Genaro Mosquera Gerardo Resplandro Gral. Angel Vivas Perdomo guerrilla Guillermo Salas Gustavo Arraiz Gustavo Coronel hilo Honduras Hugo Álvarez Pifano Humberto Maio Ignacio Gainzarain Imágenes y palabras de una realidad Irma Araujo Isa Blohm Iván Simonovis Jackeline Sandoval Jesús Antonio Petit jmfrancas Joaquín Chaffardet Jorge Rojas Jose Antonio Colina Jose Domingo Blanco "Mingo" Jose Luis Santanaria Jose Machillanda Jose Piñera JOSÉ TORO HARDY Juan Bautista Guevara Juan C. Sosa-Azpúrua Junta Patriotica Estudiantil y Popular La paseata Laura Prada Lazaro Forero León Arismendi letras Letras en la Oscuridad leyes ludwin moreno Luis Alberto Borges Castellano Luis Betancourt Oteyza Luis de Lion Luis Jose Uzcategui Luis Manuel Aguana Luis Marín Macky Arenas Manuel Artero Manuel De la Cruz María Angélica Quintana Mario Iván Carratú Molina Marisol Bolet Marisol Sarria Pietri Martha Colmenares Miguel Ángel Quevedo Miguel Fierro Monica Corrales mujeresdenegro nazismo Nelson Ramirez Noel Alejandro Leal Rojas Numa Frias Mileo ORDEN Orlando Viera-Blanco Oswaldo Alvarez Paz OTAN Otoniel Guevara Otto Gebauer Ovidio Pogioli Pablo Sanchez Patricia Poleo Pavel Quintero Pedro Carmona Peru Pilar Rahola PLINIO APULEYO MENDOZA Prisionero Politico Rafael Muci-Mendoza Rainiero Herrada Ricardo L. Suárez Roderick Navarro Roger. Noriega Rolando Guevara Romulo Lares Romulo Lares; Letras en la Oscuridad Rusi Sammy Landaeta Millán Sandra Añez Silvia Schanely de Suárez Siria Soportes Soso Rojas Soy un PP space TAHIANNY PISANI Tamara Suju Teodulo Lopez Melendez Tiago Da Costa transcripciones Ucrania Valentin Arenas Vasco da Costa VenEconomía VenEuropa Venezuela Futura Victor R. Azuaje Videos Vivian Akel H. Viviana Padelin VotoLimpio Yuce Coronado zello