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LUIS MARÍN / NEGAR EL HOLOCAUSTO Y OTRAS NEGACIONES

LUIS MARÍN / NEGAR EL HOLOCAUSTO Y OTRAS NEGACIONES


5/7/20



¿Qué le da sentido a poner en discusión el Holocausto en un país remoto y primitivo como Venezuela, atenazado por tantos otros problemas más apremiantes? Que uno de los directivos del CNE recién nombrado por el TSJ, Luis Fuenmayor Toro, es un negacionista. Otro desafío para la credibilidad de un organismo ya de por sí tan cuestionable.

La embajada de Alemania en el país se pronunció diciendo que: “Rechazamos de manera categórica cualquier relativización sobre el Holocausto perpetrado por el régimen totalitario nacionalsocialista y que costó la vida de seis millones de judíos europeos. Su negación, especialmente por figuras públicas, no puede sino ser repudiada”.

LFT respondió desde el diario La Razón el domingo 28 de junio en un artículo titulado “Calumnias y amenazas sionistas”, donde nos informa que: “En Venezuela, no existe el delito de opinión, como si existe en Alemania”; contra toda la abrumadora evidencia de  criminalización de la opinión que impera en este país.

Pero no puede descalificar a Alemania sin agredir antes a esa “entidad sionista que llaman Israel”, con lo que incurre en otro delito de craso antisemitismo, según los ejemplos que ilustran la definición de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA); así como que “una cosa es el pueblo judío y otra muy distinta son los líderes sionistas nacionales y mundiales”, quienes, a su parecer, no son parte del “pueblo judío”.

“En Venezuela hay libertad de opinión. Mientras esta libertad de opinión exista, la ejerceré ampliamente”, enfrentando, rechazando y condenando a todos los “que se han basado en mentiras, medias verdades y calumnias en relación a mis supuestas opiniones sobre el Holocausto judío”.

La supuesta opinión es: “La inexistencia del holocausto está más que documentada. No hay sino que leer La mentira de Ulises de Rassinier; El mito de los seis millones de Hoggan y el libro (¿cuál?) de Ilan Pappe, para saberlo”. El problema es que en su desmentido LFT no aclara cuál es su auténtica opinión sobre el Holocausto, aquella que no es “supuesta”, por lo que habría que conformarse con aquella, porque no hay otra.

No se puede documentar nada con un par de libros, con opiniones no concurrentes y de personajes que son inconciliables entre sí. Por ejemplo, Paul Rassinier, francés, comunista, socialista, anarquista, publica su libro en 1950, con lo que adquiere el título infame de ser “padre del negacionismo”.

Fue condenado desde el primer día por la Asamblea Nacional Francesa, hasta culminar en la promulgación de la Ley Gayssot, 1990, que condena a 5 años de cárcel y 45 mil euros de multa a “quien ponga en duda uno o varios de los crímenes contra la humanidad” por los que fueron juzgados y condenados los jerarcas nazis en los juicios de Núremberg.

Lo mismo ocurre en Alemania y en Austria, donde bajo ciertas circunstancias agravantes, la pena puede llegar a 20 años. La Unión Europea introdujo este tipo penal en la legislación común, por lo que LFT debe conjugar el verbo “delinquir” en varios idiomas.

David L. Hoggan, norteamericano, nazi sin adornos, germanófilo, deplora que EEUU  interviniera contra Alemania en dos guerras mundiales siendo que ésta fue víctima, en una, de las intrigas de Rusia-Serbia y en la otra, de Gran Bretaña-Polonia. Nunca se atrevió a publicar ese libro que saldría a la luz en 1969 contra su voluntad. Afirma que el mito de los 6 millones fue fabricado después de la guerra para justificar la agresión contra la pacífica Alemania de Hitler.

Ilan Pappé, judío israelita, antisionista, pero no negacionista, al contrario, dice que el Holocausto ha sido instrumentalizado para culpabilizar a Europa y justificar a Israel como una suerte de compensación. Para este “historiador” los judíos no tienen vínculo alguno con La Tierra Prometida, sino que son “colonos”, mientras los árabes son indígenas que luchan contra el colonialismo. Opinión que no suscribirían ni el camarada Stalin y su canciller Gromyko, que consideraron al sionismo como un “movimiento de liberación nacional anticolonialista”.

Adolf Eichmann dijo muchas banalidades en su juicio en Jerusalén, en 1961, pero nunca  afirmó que la aniquilación de los judíos no existiera, que hubiera sido su defensa de oro, en cambio declaró que fue “uno de los mayores crímenes cometidos en la historia de la humanidad”.

Sigamos con LFT: “Como investigador científico sé que sólo existen muy pocas verdades absolutas, todas ellas en el campo de la física”, una afirmación que seguramente no hubiera suscrito Albert Einstein, judío, alemán, sionista, como tampoco que: “No soy creyente”.

Para LFT no existe Dios, ni verdades absolutas: “Y mucho menos existen en las disciplinas históricas, donde generalmente quien domina acomoda los hechos en función de sus intereses, mientras los subyugados no tienen la suficiente fuerza para  oponerse a las distorsiones”. No explica cómo arribó a estas convicciones ni porqué en estos casos no aplica la “relativización”. Como quien dice: “La verdad no existe y esto es verdad”.

Si “nada está exento de ser puesto en duda” entonces hay una puerta franca para el llamado eufemísticamente “revisionismo histórico”; si a esto se une cierto culto a la política de poder, resulta que los hechos se sustituyen por una toma de posición y como tampoco existe la justicia, se la suplanta por crudas decisiones políticas.

“Quizás cuando Netanyahu u otro gobernante sionista israelí domine el mundo (…) se establecerán como verdades absolutas sus creencias y estaremos obligados a inclinarnos ante ellas”. Otra maliciosa proyección de sus propias fantasías, porque son los estalinistas quienes creen que pueden construir el futuro, no menos que el pasado. Netanyahu es acusado casi de cualquier cosa, pero no de que sea un dictador totalitario.

Esta mentalidad no es halagadora para una autoridad electoral, ni para inspirar confianza en el electorado. Así, la supuesta “constitución” de Cuba fue aprobada en un llamado “referéndum” el 24 de febrero de 2019 con más del 90% de votos por el SI, “mientras los subyugados no tienen la suficiente fuerza para oponerse a las distorsiones”.

La pregunta del millón es: ¿Por qué un político encallecido como LFT incursiona en un tremedal tan resbaladizo como el antisemitismo y su variante negacionista, que no tienen absolutamente nada que ver con las preocupaciones del venezolano común, ni siquiera con las de los miembros de la secta que hasta ahora lo sigue en sus aventuras políticas?

La respuesta fácil es que hay quien vive del escándalo, del protagonismo barato, a falta de propuestas consistentes y un discurso sugestivo. Otra, que la cuestión es congraciarse con la tendencia pro-iraní que ha adquirido tanta fuerza en el círculo interior del régimen.

Estos tienen al negacionismo como punta de lanza ideológica partiendo de la premisa falsa de que Israel existe por causa del Holocausto, si éste se elimina, el Estado no tendría razón de ser. La verdad es que el proyecto del Estado Judío es muy anterior y su fundación, como la de cualquier Estado, se basa en la declaración unilateral de voluntad del pueblo, expresada por sus representantes legítimos. Hipotéticamente, pudo no ocurrir el Holocausto y no obstante crearse Israel, porque no hay vínculo causal entre los dos acontecimientos.

Sería demasiado arduo pasar revista aquí y ahora a todos los hitos históricos anteriores al Holocausto que condujeron a la declaración de independencia el 14 de mayo de 1948, baste citar al autor de “El Estado Judío”, 1896, Teodoro Herzl, quien escribió: “Dentro de cinco años tal vez, dentro de cincuenta años sin duda, el Estado Judío será una realidad. El Estado Judío es una necesidad Universal y, por consiguiente, nacerá”.

LFT pretende incursionar en el radar de las sanciones norteamericanas y de los servicios de inteligencia occidentales; por otro lado, en las filas de las fuerzas globalistas y antisistema tan en boga hoy en día, una suerte de refresh otoñal.

Una apuesta arriesgada, tentadora sólo para quien no tiene ya nada que perder.



LUIS MARÍN /CONVULSIÓN POLÍTICA

La convulsión política en América Latina: ¿Hacia la revolución militar-socialista-bolivariana y la liquidación del neoliberalismo? Pregunta la Cátedra Pío Tamayo de la Universidad Central de Venezuela y se responde lo siguiente.
Primero, nos restringimos al contexto de América Latina, en particular, las manifestaciones en Ecuador, luego en Chile, el retorno de Cristina Kirchner en Argentina, el descomunal fraude electoral de Evo Morales en Bolivia y los más recientes disturbios en Colombia: “La brisita bolivariana a punto de convertirse en huracán”.
Luego, la explicación del Foro de Sao Paulo, dicho por ellos mismos: todo corresponde a un plan diseñado en Caracas, en su encuentro XXV, del 25 al 28 de julio, donde se desglosan país por país, sus resoluciones.
Por ejemplo, en Ecuador apoyan al prófugo Rafael Correa y sus secuaces, Ricardo Patiño, Jorge Glas y la enrevesada trama de espionaje internacional representada por Julian Assange y Oli Bini, enfrentando al “tránsfuga” Lenin Moreno.
En Chile, impulsan “la cumbre de los pueblos”, contra el foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25), con los resultados conocidos. Hoy celebran la suspensión de ambos eventos, una pedrada en la vitrina del liberalismo: “Hacia los 50 años del triunfo de Salvador Allende”.
En Argentina, respaldan a la pareja de Alberto y Cristina Fernández contra el gobierno de Mauricio Macri; así como en Bolivia apoyan al “hermano Evo” en su aspiración a un cuarto mandato, siendo ya el dictador que más tiempo a gobernado Bolivia en toda su historia.
En Colombia tercian por los acuerdos de La Habana FARC-Santos, calificando al gobierno de Ivan Duque como “genocida”, a favor del “Movimiento Defendamos la Paz”; así como acusan al presidente de Paraguay, Abdo Benitez de “neofascista”, por su entendimiento con Bolsonaro y Macri en la llamada Triplefrontera.
En Nicaragua apoyan la “pacificación” de Ortega-Morillo, como en Cuba promueven el “Encuentro antiimperialista de solidaridad, por la democracia y contra el neoliberalismo” realizado en La Habana del 1º al 3 de noviembre.
En Brasil impulsan la campaña “Lula libre” a quien proponen otorgarle el Premio Nobel, promovido por el inefable Adolfo Pérez Esquivel, mientras orquestan la guerra sucia nacional e internacional contra el presidente Jair Bolsonaro.
Finalmente, la explicación de la Socialdemocracia, expresada por sus más conspicuos voceros, admite que sí puede haber cierta intervención del F de SP, pero no debe sobrestimarse, como ellos pretenden, exagerando su poder e influencia; en realidad existe un caldo de cultivo para que estas incitaciones hayan tenido tanto impacto y extensión.
Estas razones serían la desigualdad y la corrupción. Pero, ¿era Chile menos desigual y  corrupto durante los períodos de Bachelet? Al contrario, la desigualdad en Chile no ha cesado de disminuir, como de aumentar la transparencia, según los índices internacionales generalmente aceptados.
Por otra parte, todos los países de AL son desiguales y corruptos, más que Chile, pongamos por caso, México y ¿por qué no? Cuba, donde más de la mitad de la población está por debajo del umbral de la pobreza y la nomenclatura lleva una vida principesca.
Es más, en qué país del mundo no existe desigualdad y corrupción, ¿en Rusia? ¿China? Esta explicación de la socialdemocracia no explica nada y solo sirve para enarbolar la única bandera que le queda, que es la apelación a la “desigualdad”, sin que se sepa exactamente a qué se refiere.
La respuesta verdadera siempre resulta ser la más sencilla: la razón es que hay una voluntad política detrás de los disturbios. Pero, ¿por qué es tan difícil verlo o admitirlo? Por la devoción que tienen las Internacionales Comunistas y Socialistas por las actividades clandestinas. Siempre procuran actuar tras bastidores y presentar sus decisiones políticas como si fueran fatalidades históricas.
En realidad estos disturbios se fraguan en unos comités, alrededor de unas mesas directivas. Todo lo demás es movilización de las organizaciones y difusión de propaganda, para lo que se prestan gustosos los medios de comunicación colonizados por el marxismo cultural. La causa de los disturbios es el aumento de las tarifas del metro, claman al unísono, luego los disturbios se extienden a ocho ciudades donde ni siquiera hay metro y de allí a todo el  país.
Las verdaderas razones hay que buscarlas en el endurecimiento del embargo a Cuba, las sanciones contra Raúl Castro y su familia, de las que ellos no han hecho la menor mención, así como a los agentes de su entorno, incluso en Venezuela y Nicaragua; suspensión de los cruceros, vuelos regulares y remesas familiares; la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton, contra la que vociferan abiertamente las declaraciones del F de SP.
Replican según la máxima de que la mejor defensa es el ataque: “Si ustedes quieren derrocar a nuestros gobiernos, nosotros derrocaremos a los suyos”. Así de simple.

Luis Marín


LUIS MARÍN /FORO DE SAO PAULO EN CARACAS





18/6/19

En medio de la mayor crisis humanitaria de la historia latinoamericana, equiparable a las peores que en el mundo han sido, ¿qué pueden hacer las delegaciones en Caracas que no sea declarar orgullosamente que sí, que esto es lo que ellos proponen para el resto de los respectivos países de dónde provienen?

Un hecho desconcertante, porque no basta toda la inversión ideológica a la que la izquierda global nos tiene acostumbrados para trocar lo negro en blanco y lo que está a la vista en quiméricas fantasías: esto no puede ser una meta para nadie en su sano juicio.

No obstante, la tradición comunista está poblada de consignas como “no pasaran”, de mitos como “el sitio de Stalingrado”, o la mentalidad de “plaza sitiada” que constituye Cuba en los últimos sesenta años.

Estas concepciones hincan sus raíces en los tiempos heroicos del comunismo, en las grandes catástrofes y conflictos que han cimbrado la historia de la humanidad para cambiar su rumbo en dirección completamente inesperada e impensable en los períodos anteriores de relativa normalidad.

Tanto es así que los revolucionarios auténticos se convierten en unos nostálgicos del futuro, añorando la llegada de esos períodos en los que “lo extraordinario se vuelve cotidiano” como sinónimo de revolución y que les permite abrigar la ilusión de que están “escribiendo la historia”.

No importa que una y otra vez se demuestre que la historia no la escribe nadie, como no sea póstumamente, después que todo haya pasado y cuyos resultados nunca son lo que se han propuesto los actores, que la historia si bien puede tener actores, ciertamente no tiene autor, ni guionista.

Todos los ensayos de ingeniería social, de edificar la nueva sociedad y al hombre nuevo, desde el experimento nacionalsocialista y fascista, hasta el comunismo soviético, han terminado en memorables cataclismos que todavía hoy nos asombran; pero extrañamente el socialismo encuentra energías renovadas para volverlo a intentar una y otra vez con idénticos resultados.

De manera que la intransigencia ideológica nos conduce a la política del atrincheramiento, no existe ninguna posibilidad de concesiones, ni retroceso, al contrario, cualquier intento en este sentido se considera como claudicación, sino francamente un acto de traición.

Frente a los revolucionarios organizados y armados, no existe ninguna otra alternativa que no sea la victoria, derrotarlos en el terreno o en cambio sucumbir a sus quiméricas ilusiones historicistas, la idea de que el futuro se puede construir según planes preconcebidos.

Decir que el régimen cubano apoya al de Venezuela para mantenerlo en el poder a cualquier costo es no ver el tema en toda su amplitud, que realmente existe un plan para expandir el comunismo en todo el continente, incluso en los EEUU, tarea en la que se han logrado grandes avances y en la que no están dispuestos a retroceder.

El FSP gobierna en al menos diez países latinoamericanos y está en coalición en España, es la principal oposición en otros tantos, conquistó a México y su próximo objetivo declarado es Colombia. La agresividad e intransigencia les ha dado buenos resultados, ¿por qué tendrían que cambiar su política? La consigna es: “Unidad, lucha, batalla, victoria.”

Son bien conocidas las líneas maestras de política implementadas por las organizaciones que se agrupan en el FSP, por lo que su par dialéctico debe seguir otras en sentido diametralmente opuesto: de derecha, liberal, pro capitalista, en estrecha alianza con EEUU e Israel.

Aunque no existe nada equivalente a la mentalidad de trincheras en el ideario liberal, que más bien tiende a la funcionalidad y al sentido práctico, es indispensable crear un anti-Foro de Sao Paulo que le haga frente en todo el continente, con innovación y creatividad.

El eje de la nueva política muy bien podría también perfilarse en Caracas.




LUIS MARÍN / DIÁLOGO PARALELO O INMEDIATO




                                                                       27/5/19




La Cátedra Pío Tamayo y el Centro Estudios de Historia Actual de la Universidad Central de Venezuela propusieron un foro para debatir sobre el diálogo en cualquier modalidad, sea en paralelo con el gobierno de Noruega o entre los interlocutores, insinuadas por las partes involucradas.

El contexto es la pérdida general de espacio público: dónde verse, hablar, expresarse, construir consensos. Por ejemplo, el 30 de abril fue un solo día, pero el cierre de RCR a partir de allí es todos los días, la decana de las radios nacionales cerrada sin reacción colectiva, ni de ningún medio global o autoridad mundial de las que se pronuncian sobre el caso Venezuela.

La falta de información y el exceso de desinformación. Nos vemos forzados a construir hipótesis sobre la base de especulaciones, intuiciones, cuando no francas invenciones. Esto en un ambiente de creciente peligro: nunca hubo tanta inseguridad, amenazas tan sistemáticas y permanentes. Es la hora del miedo, de la intimidación.

¿Y qué tiene que ver esto con el “diálogo”? Que es otra invención, otro instrumento de confusión y manipulación: ¿Quiénes negocian? ¿Qué? ¿En representación de quién? ¿Cómo es que comprometen al ciudadano común, con quién, a qué? Ayer el negociador estrella era Timoteo Zambrano, hoy es Stalin González, ¿quién se siente representado por ellos? Ahora el G4 más uno es AD, PJ, UNT, VP, más el del CNE.

Como diría Arturo Sosa: “La política del palo y la sobaita”, después de tremendo golpe te llaman a “dialogar”; pero te quedas con el golpe. Nada vuelve atrás. Sin embargo, ¿por qué es tan irresistible el llamado al “diálogo”? Porque hay franjas de intereses comunes entre el gobierno y la oposición oficial: la mitad del gobierno está en la oposición y la mitad de la oposición está en el gobierno. Esto nos conduce al estancamiento.

Los que importan son los que van quedando afuera, los que representan algo distinto a la componenda. ¿Quiénes son? ¿Qué están haciendo? La más sobresaliente es María Corina Machado; pero sigue entre dos aguas, no termina de deslindarse. Desde afuera, Antonio Ledezma.

Luego, el Frente Único de Derecha, con sus tendencias de Liberales, Nacionalistas, Conservadores y Libertarios, cuya influencia real, en el terreno, no se estima lo suficiente.

Los jóvenes de Rumbo Libertad, que no se sabe cuán hondo hayan calado, ni su nivel de organización interna; pero al menos han logrado un discurso coherente y tienen cierto apoyo en el exterior, sobre todo en Brasil, EEUU e Israel, que son potencias reales.

Ahora bien, ¿de allí surgirá la opción que estamos esperando los observadores/actores de esta tragedia? Los ciudadanos, puestos a un lado, que no cuentan en las conversaciones.

Olvidemos que llegará la caballería a salvarnos, eso puede ser otra “fake news”.

Esto, lo resolvemos nosotros mismos o seguiremos hundiéndonos, cada vez más abajo.



Luis Marín



LUIS MARÍN / DESPUÉS DEL APAGÓN

LUIS MARÍN DESPUÉS DEL APAGÓN








30/12/18



Hay una especie de consenso en cuanto a que ésta es la  peor crisis que ha enfrentado el país en toda su historia republicana; también en que se trata de una situación inédita, sin precedente alguno no solo nacional sino internacionalmente y por último en que se apunta a un empeoramiento todavía más grave de una situación que no toca fondo.

Esto exige repensar completamente el contexto en que se produce esta cuestión con miras a vislumbrar algún tipo de perspectiva de hacia dónde pueda conducirnos y cuáles serían los posibles escenarios que tendremos que afrontar en el futuro más inmediato. La falla eléctrica es una arista que atraviesa el colapso general del país y se coloca en el centro de la controversia política.
En relación a la inestabilidad del sistema eléctrico es poco lo que se puede agregar a los diagnósticos que han venido haciendo profesionales y técnicos desde hace más de una década, incluso antes de la creación de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) el 31 de julio de 2007, un arroz con mango en que se mezclaron casi una decena de empresas que poco tienen en común, el sistema hidroeléctrico integrado del Guri con una serie de grandes plantas generadoras termoeléctricas, mas “planticas” locales aportadas por el primitivismo depredador cubano.
Desde el principio se denunció que esa mezcolanza no podría funcionar y sería el caldo de cultivo para más corrupción, destrucción del aparato productivo nacional e implementación del plan a gran escala de reingeniería social mal conocido como socialismo del siglo XXI.
Sería demasiado arduo e incluso repetitivo volver a recitar los nombres de los próceres del desastre eléctrico, comenzando por Alí Rodríguez Araque, vivo o muerto pero en La Habana, Diego Salazar y Nervis Villalobos, o nombres tan emblemáticos como Odebrecht, Derwick y Associates, cuyas redes atraviesan desde el gobierno hasta la oposición oficial.
Recordar al ministro Jesse Chacón prometiendo arreglar el problema eléctrico en cien días o renunciar tan lejos como en el año 2013, un sainete que va desde las plantas maquilladas traídas de Tanzania, pasando por los bombillos ahorradores chinos, para culminar en el Estado Mayor Eléctrico, sin olvidar que el despilfarro se extendió al regalo de la termoeléctrica de Holguín en Cuba, más plantas para Nicaragua y Bolivia; pero entonces las culpas se le endilgaba al fenómeno natural de El Niño y no al imperialismo.
De manera que todo había sido previsto, al punto de que el ingeniero Víctor Poleo, antiguo viceministro de energía, llegó a denunciar que toda esta catástrofe es deliberada, hecha a propósito con la finalidad de captar renta petrolera y someter a la población a un tratamiento de electro shocks con la finalidad de domesticarla, como ratas de laboratorio, tal como se hace en Cuba y Corea del Norte.
De manera que cualquiera que haya seguido los acontecimientos con un mínimo de seriedad, honestidad intelectual y sobre todo algo de memoria, no puede menos que sentir perplejidad ante la caterva de mentiras con que la propaganda oficial ha abordado el tema del apagón, sus incalculables secuelas de sufrimiento inaudito y el castigo propinado a una población inerme.
Lo peor es que el sistema eléctrico sigue siendo tan inestable, frágil y vulnerable a cualquier alteración, incluso fortuita, como lo era el fatídico jueves 7 de marzo a las 4 pm, que quedará imborrable como un día muy oscuro; pero no se necesita ser miembro del club de los expertos eléctricos para predecir que puede repetirse en cualquier momento, de un modo súbito y sin aviso.
Lo más aterrador es que no se observa por los lados del régimen el menor reconocimiento de su responsabilidad, ni el más mínimo arrepentimiento y tanto menos algún propósito de enmienda, por lo que la crisis no hará sino agravarse hasta límites que no podemos ni siquiera vislumbrar ni aún con los diagnósticos más pesimistas.
Por ejemplo, el 28 de abril entra en vigencia el embargo petrolero contra PDVSA, por lo que, si las plantas que deberían suplir la demanda no cubierta por el sistema interconectado del Guri, que está exhausto por lo menos desde el 2016, hoy no cuentan con diésel para entrar en el ruedo, puede pensarse lo que ocurrirá después de esa fecha: nos quedamos sin combustible, sin gasolina, se acabó la mecha y punto.
Si durante el apagón se apoderaron de los llenaderos de agua, salieron unas cisternas fantasmas a vender agua a 100 $ y los que no pueden pagar tuvieron que cogerla de El Guaire, puede imaginarse lo que pasará sin suministro de gasolina, que hoy es gratis, porque no la cobran en la bombas, pero que mañana no habrá ni para encender un mechero.
El Apocalipsis se interpreta frecuentemente como el producto enfermizo de mentalidades enfebrecidas y delirantes; pero una cruel y recurrente ironía de la historia lo abate contra aquellas sociedades que se sumergen en el Mal absoluto, que puede resumirse muy simplemente como el reino de la mentira y el robo, en engañar y aprovecharse del inocente.
No hay que ser un profeta bíblico para advertir esos síntomas en la decadencia de la sociedad venezolana: burda manipulación y depredación de los bienes públicos, cuyo resultado en sana lógica no puede ser sino la ruina y devastación que hoy nos atormentan sin ningún género de dudas.
La última cuestión que siempre nos increpa es, ¿cómo se sale de esto? Pues si aquello es la causa del Mal igualmente simple debe ser la respuesta: la más rigurosa veracidad y aún más escrupulosa honradez, aún en los actos más simples de la vida.
Parece una cosa muy general y abstracta, pero si se toma en serio implica perder unos cuantos supuestos amigos, volverse incómodo, que le llamen divisionista o que sumes y no restes; todo el que viva esta crisis en carne propia sabe de qué se le está hablando.
Implica justicia, que no es venganza; pero como todos tenemos que pagar la cuenta es indispensable saber quiénes fueron los que se comieron el almuerzo.
Y llevarlos a lo que más se parezca a Núremberg.


LUIS MARÍN / DE MARIEL A MARIELA




30/12/18



El puerto de Mariel saltó a la fama en 1980 en lo que luego se interpretó como una espita de escape de la presión política y social existente en Cuba, por donde salieron más de cien mil emigrantes conocidos como “marielitos”; hoy es centro de atención por un mega proyecto, la Zona Especial de Desarrollo, ejecutado por Odebrecht y financiado por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), en la mira del Tribunal de Cuentas de la Unión de Brasil.

Al menos un millardito de dólares se distrajeron por los vericuetos de las administraciones de Lula Da Silva y Vilma Rousseff para la Zona de Desarrollo Integral Mariel S.A., perteneciente a los Almacenes Universales, S.A., adscritas al emporio GAESA, dirigido por el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro.

Todo el megaproyecto que no ha pasado de la primera fase, en que se instalaron cuatro gigantescas torres operadoras de fabricación china, publicitado alternativamente como “La Puerta de Cuba al Mundo” o “La llave del Golfo”, inaugurada con gran boato en el 2014, ha terminado en un fraude descomunal, como casi todos los emprendimientos del finado comandante Chávez.

La nueva válvula de escape es Mariela Castro Espín y su aporte a la reforma de la constitución en la que introdujo por iniciativa personal un artículo 68 que decía que “el matrimonio es la unión voluntariamente concertada entre dos personas con aptitud legal para ello, a fin de  hacer vida en común”, para derogar el vigente artículo 36 que dice unión “de un hombre y una mujer”.

Calculadamente concentraron la polémica en torno a ese artículo, evadiendo otros de mayor importancia, para algarabía de los medios globales, hasta Amnistía Internacional lo llegó a calificar de “un gran avance” aunque no se sabe cómo una materia de estricto derecho civil pasó a objeto de derechos humanos.

Como el puerto de Mariel el rompeolas de Mariela no resistió el contraste con la realidad y terminó reducido a un mucho más modesto artículo 82 que dice nimiedades como que “el matrimonio es una institución social y jurídica. Es una de las formas de organización de las familias” y de algún modo reconoce las uniones de hecho, donde cabría cualquier cosa.

Esto le es suficiente para cantar victoria porque aunque no se introduzca la unión “entre dos personas” se saca la unión “de un hombre y una mujer” y se relativiza la familia como razón del matrimonio, colocándolo como una entre otras formas cualesquiera, lo cual debe resolverse en un futuro Código de Familia, que se aprobará en referendo separado en un plazo de dos años.

En un país donde toda propaganda que no sea la oficial está prohibida y  muchas personas están pagando cárcel o multas exorbitantes por apenas intentarlo, no obstante, se permitió que ciertas iglesias, sobre todo evangélicas, hicieran alguna propaganda contra lo que eufemísticamente llaman matrimonio “igualitario” aunque no se sepa a qué es igual. La iglesia católica ni siquiera entró en liza y le ahorraron el tener que hacer algún tipo de pronunciamiento oficial seguramente embarazoso para el Cardenal Jaime Ortega y su política de consentir todo al régimen comunista.

“Los retrógrados y fundamentalistas que se oponen políticamente al proyecto” denunciados por Mariela no están en las iglesias, que al fin y al cabo no tienen el poder en Cuba, sino en las FAR que no hallan compatible el espíritu militar con la homosexualidad ni nada más reñido con la virilidad: “Nómbrenme un solo prócer de la independencia que haya sido homosexual o que la haya promovido y estaremos de acuerdo”.

De manera que era previsible una ruptura entre la cúpula militar y de seguridad con la propuesta, vale decir, una ruptura en la familia, nubarrones que Mariela se encargó de disipar con su intervención en la AN del 22 de diciembre: no hay paso atrás con el proyecto sino hacia un lado. Más adelante se dictarán las normas apropiadas.

Lo que ella escenifica en la AN no lo puede más nadie, como pedir permiso para abrazar a su padre, quien le enseñó “a amar a la revolución sin abandonar a la familia y amar a la familia sin abandonar a la revolución”, y lo hace, en medio de una clamorosa ovación: “El general de ejército me pide que recuerde también a mi mamá”.

Le agradece a ambos por servirle de inspiración para su lucha por la causa de la comunidad homosexual “gesto que provocó que Raúl Castro comenzara a llorar en medio de los aplausos de cientos de diputados de pie”, celebran los medios oficiales.

Esta puesta en escena da para un tratado de psicopatología política: es imposible imaginarse a Chapita Trujillo o Tacho Somoza, por muy pintorescamente familiares que fueran sus tiranías, haciendo algo semejante. Ciertamente la AN comunista cubana no es una Institución impersonal, sino un club familiar y de obsecuentes amigos de la familia; pero este drama deja la sensación de que oculta cuestiones más trascendentes que se quieren pasar tras bastidores, dejando a un lado una espectacular salida del closet.

Otro artículo que acumuló objeciones fue el 121: “El Presidente de la República es elegido por la Asamblea Nacional del Poder Popular de entre sus diputados, por un período de cinco años, y le rinde cuentas a de su gestión”. Lo que implica el doble filtro de la Asamblea de nominación y la elección previa como diputado.

Pero ese no se cambió, por la sencilla razón de que la elección del Presidente mediante elecciones universales, directas y secretas crearía un vínculo entre un individuo y sus electores, algo inadmisible para el Partido.

Parece que nadie objetó el artículo 5, que consagra al único PCC como “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”.

Mariela llama a aprobar todo esto e insiste en que “ante las campañas manipuladoras que la contrarrevolución está impulsando en las redes sociales para sabotear el referendo promoviendo el NO, tenemos el deber de hacer una buena y rigurosa campaña”.

Tanto glamour, doctorado honoris causa de una academia finlandesa, ilustrísima visitante del Uruguay, no dan para comprender que cuando se trata de un referendo la opción del NO es válida y legítima, no un sabotaje, de lo contrario la consulta carece de sentido.

Pero deja muy claro que la oposición sigue prohibida y que no se permite la organización de los electores ni la promoción del NO, que desde ya se considera contrarrevolucionario y punible, lo que vuelve a plantear el recurrente debate entre los opositores: por un lado, los que pretenden participar en donde se saben excluidos de antemano y los que proponen boicotear el evento buscando otras maneras de hacerse sentir.

El punto es que los cubanos que pueden expresarse libremente no votan y los que votan no pueden expresarse. Al interior han resumido las posturas entre “yo no voto” y “yo voto no”; en principio, no votar, pero los que estén obligados por sus empleos o exposición a represalias, entonces, si están obligados a ir, pues, que marquen el “NO”, como mal menor.

En Venezuela conocemos sobradamente estas argucias y que al fin y al cabo, como decía el camarada Stalin, no importa tanto quienes votan sino el que cuenta los votos.






LUIS MARÍN / PROYECTO DE CONSTITUCIÓN CASTRISTA

LUIS MARÍN / PROYECTO DE CONSTITUCIÓN CASTRISTA





11/11/18







“El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo,es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado. Organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo”, dice el artículo 5 del proyecto de Constitución sometido a la consideración de los electores para su segura aprobación en referendo previsto para febrero de 2019.


Se anuncia que de la Constitución anterior, de 1976, se conservan apenas 11 artículos, se eliminan 13 y se modifican 113 para un total de 224 artículos, 87 más que la vigente; pero, ¿qué se conserva, elimina o modifica y en qué sentido? Este artículo 5 puede servir de ilustración, concatenándolo con otros correlativos.
Por ejemplo, se agrega el adjetivo “único”, con lo que se formaliza lo que ya ocurre en la práctica, la exclusiva supremacía del Partido Comunista; aunque evidentemente haya otros partidos que son obligados a la clandestinidad, ahora con rango constitucional, es decir, que además de ilegales serán también inconstitucionales.
Se añade “fidelista”, un adjetivo cuyo contenido habría que precisar para atribuirle algún valor jurídico constitucional; pero ya se sabe que el sentido es más bien político ideológico, el viejo “culto a la personalidad” estalinista, tan pintoresco en Corea del Norte y que Castro dijo que nunca se vería en Cuba, entre tantas otras mentiras. Decía que ni una calle llevaría su nombre y ahora nada menos que la Constitución es “fidelista”.
Se agrega la frase “sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo”; donde introducen las dos palabras clave “democracia popular”, que es lo que había en las repúblicas del este europeo antes del derribo del muro de Berlín en 1989.
Y es que los comunistas hacen un uso sibilino de la palabra “democracia” que para ellos no se opone a “dictadura”, como ocurre en la mentalidad occidental, sino al contrario, se identifica con ella. La democracia real que predican no es la formal que llaman burguesa, ni de la clase proletaria que decía Marx, sino la dictadura revolucionaria de todo el pueblo.
Asimismo, contra la democracia representativa actualizan el mito de la democracia directa, mediante asambleas aclamatorias donde las decisiones se toman a mano alzada, lo que bajo un régimen de terror deriva en una tiranía tumultuaria.
Eliminan “los altos fines de” la construcción del socialismo, un cambio casi cosmético a menos que se piense que la construcción del socialismo ya no es un “alto fin”; también  eliminan al final “y el avance hacia lo sociedad comunista”, que además de servir para los titulares de sus propagandistas en el exterior (BBC, CNN, DW, NYT, RFI, el diario El País de Madrid, et al), sugiere que el comunismo quizás ya no se encuentre inexorablemente al final de los tiempos ni siquiera en las mentes de los redactores de este proyecto.
Pero hurgando un poco más en profundidad se observa que según la doctrina clásica la dictadura es un régimen de excepción, vinculada por definición a una finalidad que, una vez cumplida, la hace superflua. La eliminación del fin que la justifica implica la declaración de una dictadura sine fine, una dictadura perpetua.
El artículo 3 concluye diciendo: “El socialismo y el sistema político y social revolucionario, establecidos en esta Constitución, son irrevocables (agregado).
Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada,cuando no fuere posible otro recurso,  contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido en esta Constitución”.
El primer párrafo recoge la reforma constitucional de 2002 que fue la brutal respuesta del régimen al Proyecto Varela, que pretendía introducir algunos cambios en el sistema en forma pacífica, utilizando su propia legalidad, apelando a la iniciativa legislativa popular prevista en el artículo 88, 4) vigente.
Si a esta declaración de irrevocabilidad le sigue un párrafo que incluye la “lucha armada” contra quien siquiera lo intente entonces es forzoso concluir que el régimen excluye toda posibilidad de tal cambio pacífico. Para ellos es casus belli.
El uso de las armas presupone la disposición a matar a cualquiera que intente desplazar al Partido Comunista del poder, que no es una abstracción sino personas reales y concretas que detentan la jefatura de todas las instituciones públicas, sean ejecutivas, legislativas, judiciales, fuerzas armadas, policía secreta o de orden público, incluyendo las empresas industriales y comerciales que son nominalmente monopolio del Estado, en verdad, privilegios de la élite gobernante, la nomenclatura.
Si cupiera alguna duda, remata el artículo 224: “En ningún caso resultan reformables los pronunciamientos sobre la irrevocabilidad del socialismo y el sistema político y social establecidos en el artículo 3. (…)”
De manera que no solo el socialismo es irrevocable, sino que los artículos de la Constitución que establecen esta irrevocabilidad se declaran inmodificables, amenazando a quien lo pretenda con “la lucha armada”, es decir, que los van a matar si lo intentan.
Es muy difícil para quienes tengan una idea garantista de la Constitución, esto es, que su razón de ser es garantizarle a los ciudadanos ciertos derechos frente al poder, por lo que su principal función es ponerle límites a ese poder, mediante un sistema de frenos y contra pesos, considerar a un instrumento de esta naturaleza siquiera como tal “Constitución”.
No es una auténtica Constitución, como no lo fue su modelo, la estalinista Constitución Federativa de la URSS, de 1936, de la que copia párrafos enteros letra por letra, como “la traición a la Patria (…) es castigada con todo el rigor de la ley como el más grave de los crímenes”, de su artículo 133; principios, como el rancio “de cada uno según su capacidad, a cada uno según su trabajo” del artículo 12; galimatías como “la propiedad socialista de todo el pueblo” y el supersticioso repudio a “la explotación del hombre por el hombre”.
El concepto de “explotación” o se rechaza de plano o se sucumbe a él fatalmente: todo el que trabaje para otro, así sea para “el pueblo”, es explotado. Quien trabaje para sí mismo, se autoexplota.
Si se toma en serio esta “ideología constitucional” se concluye en que nadie debería trabajar para nadie, lo que es una absurda “negación dialéctica” de la doctrina de Marx que pone el trabajo como punto de partida, base y sustento de toda sociedad y de la Historia.
Los comunistas impondrán su resolución por la fuerza, como siempre lo han hecho, si no se les impide de algún modo; pero el simple hecho de que prohíban hacer campaña por el “NO” es una demostración flagrante de que no existe libertad de elección.
Y si no hay libertad no hay contrato que valga, tanto menos un contrato social.

Luis Marín

LUIS MARÍN / JAIR MESSIAS BOLSONARO: LA RESPONSABILIDAD DE BRASIL


21/10/18


JMB es el primer político brasileño en reconocer la gran responsabilidad de Brasil en la expansión del socialismo en los países de la subregión, de la que es el centro geopolítico, así como en afirmar que esta situación tiene que cambiar y va a cambiar: si patrocinó nuestra perdición, está bien que ahora auspicie nuestra salvación.

Lula Da Silva y su Partido de los Trabajadores comprometió el peso gravitacional del país más extenso y poblado de Sudamérica en su proyecto personal de crear una nueva Internacional en torno al Foro de Sao Paulo que fundó junto con Fidel Castro en 1990.

En muchas oportunidades superpuso el interés partidista por encima de la política de Estado que hasta su gobierno había caracterizado a la diplomacia brasileña, por ejemplo, basta recordar los meses entre 2009 y 2010 que Manuel Zelaya estuvo parapetado en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, introducido en una operación rocambolesca en que intervinieron vehículos y personal diplomático, para arengar desde allí a sus seguidores en un intento fallido por desestabilizar al país.

JMB declara que el Foro de Sao Paulo es un ente extraño incrustado en el país y que debe ser extirpado, una tarea que presenta como promesa de campaña para ser elegido presidente, lo que despierta tanto entusiasmo en sus seguidores como las más virulentas reacciones de la izquierda global.

Es un caso poco común en que se han invertido más dinero y esfuerzo en la campaña contra el candidato que lo que se ha puesto a favor; pero, para sorpresa de algunos, el efecto se ha revertido contra los instigadores.

Es imposible no advertir que la ola de epítetos, insultos y descalificaciones que se lanzan contra JMB son exactamente los mismos que se arrojan contra el ahora presidente Trump: machista, misógino, homofóbico, xenófobo, racista, supremacista blanco, fascista y así ad nauseam; aunque ninguna de estas cosas hayan estado jamás en su pensamiento y acción.

Por ejemplo, cuando emite su voto a favor del Impeachment a Vilma Rousseff, lo dedica “contra el comunismo, contra el Foro de Sao Paulo, a la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, a nuestras FFAA, a Brasil primero que todo y a Dios por encima de todos”.

Pero el “periodismo” de izquierda omite todo esto y se concentra sólo en el coronel, a quien acusan de aplicar violaciones como método de tortura. Acto seguido, toman esta descalificación como si fuera compartida por JMB, para quien el coronel es un héroe que se enfrentó y derrotó a la guerrilla marxista, para concluir en que JMB apoya la tortura.

Una diputada da un paso más y ya no es sólo que apoye la violación sino que él mismo es un violador; como quiera que JMB se indigna y le contesta en los mismos términos, entonces los medios lo convierten en un “agresor de mujeres”. Luego les extraña que la gente común odie las manipulaciones mediáticas y se vuelquen en contra de ellas.

O cuando la BBC de Londres lanza el bulo de que un ex-miembro del KKK se habría expresado en forma favorable a JMB (como lo hacen millones de negros, mujeres e incluso gays; pero no tienen la primera página de la BBC) censurando de paso su apoyo a Israel, éste tuvo que contestar que “para ser consistentes deberían apoyar al candidato de la izquierda al que le encanta segregar la sociedad”, porque su mensaje es precisamente el contrario, no separar negros y blancos, pobres y ricos, como hacen los comunistas.

Un candidato acusado de nazi declara que tan pronto sea elegido el primer país que visitará, como cristiano, será Israel. Promete trasladar la embajada a Jerusalem, la capital única, eterna e indivisible. Finalmente, cerrará la llamada “embajada palestina” en Brasil, una entelequia plantada por la bizarra diplomacia de Lula, a contrapelo de la tradicional sobriedad de Itamaraty.

Una curiosa coincidencia es el firme apoyo que ha conquistado JMB en las Iglesias evangélicas, que como cristianas también se identifican con Israel, tal como ocurre en los EEUU respecto del presidente Trump.

Probablemente esto se deba a su firme defensa de la familia cristiana, en oposición a las uniones entre personas del mismo sexo y la llamada ideología de género, que tiene como rasgo más sobresaliente que no admite refutación ni oposición alguna, so pena de ser declarado “homofóbico” y sufrir el linchamiento de los medios globales, que promocionan una agenda LGBTI como si fuera el centro del mundo y no llega ni al 1% de la población.

Otro punto es su diáfana oposición al aborto en defensa de la vida, lo que explica la tormenta de algunas llamadas feministas y el estigma de “misógino”, aderezado con acusaciones de desprecio y subestimación de la mujer; aunque sea imposible encontrar algún vínculo lógico entre la despenalización del aborto y la emancipación de la mujer o su equiparación laboral con el hombre.

Más controvertida es su propuesta de autorizar el porte de armas para la legítima defensa de las personas honradas, acogotadas por el acoso del hampa, generalmente mejor armada que la misma policía.

Aquí también se destaca el  paralelismo con los EEUU, donde cada vez que hay un tiroteo en un lugar público con víctimas fatales, de inmediato la izquierda, a través de su monopolio mediático, desata la furia contra el porte de armas que allá tiene rango de derecho constitucional.

Es curioso que cuando los terroristas islámicos utilizan camiones para atropellar a una multitud o cuando se estrella un avión con todavía más víctimas, la izquierda no pretenda igualmente proscribir la posesión de camiones o el vuelo de aviones.

Lo cierto es que siempre se destaca la muerte de inocentes “por culpa” de las armas, pero ni se mencionan cuántas personas y bienes se han salvado gracias a la intervención oportuna de un agente armado. Como dicen los americanos, la única manera de neutralizar a unos chicos malos armados es oponiéndoles unos chicos buenos mejor armados.

En conclusión, las armas no son culpables de nada sino quienes las utilizan que pueden hacerlo para bien o para mal. Los terroristas pueden prescindir completamente de las armas de fuego y apelar a los cuchillos, como hacen en Israel y han copiado en Brasil, porque son fáciles de adquirir, difíciles de detectar y casi imposible de seguirles el rastro una vez  perpetrado el crimen.

Propone sacar a Brasil de la ONU que considera un nido de comunistas, sólo habría que corregirle que también de extremistas islámicos; asimismo del Acuerdo de París sobre cambio climático, tal como hizo Trump apenas llegado a la presidencia.

JMB acusado de violento, armamentista y todos los epítetos habituales, fue quien sufrió un apuñalamiento que casi le cuesta la vida. Los medios trataron de trivializar el ataque imputándoselo a Dios que habría mandado al autor material a perpetrarlo, aunque rápidamente se descubrió que no era ningún loco sino un fiel militante del PT de Haddad.

Dejan en evidencia que lo que les molesta es que JMB ponga a Dios por encima de todos, otra batalla que los rojos jamás podrán ganar.



Luis Marín



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